Comentarios y Análisis de Política

sábado, 10 de diciembre de 2011

El ciudadano desconcertado

Grandes y complicadas "cumbres", económicas y políticas, que se hacen y deshacen. Organismos internacionales impotentes, gobiernos que caen o cambian de color, comisiones de expertos que se entretienen haciendo informes, agencias de valoración que barren para casa, bancos descapitalizados, cajas que se bancarizan, funden o confunden, bolsas que bailan la yenka, capitales que huyen en busca de refugio, empresas que cambian de país en pos de menores costos, empresarios que se pasan a la economía sumergida para sobrevivir, trabajadores que quedan en paro, familias que sufren. Este es el panorama.

Y el ciudadano, desconcertado e indefenso. Un día le dicen que gastar es contribuir al desarrollo, otro día que debe ahorrar por patriotismo, después que compre para evitar que cierren industrias y comercios. Y todo esto se incentiva o se ha incentivado. Y cuando están incentivadas una cosa y la contraria, resulta que la culpa es de la deuda de todos: estado, autonomías, diputaciones, ayuntamientos, empresas públicas, organismos de servicios públicos y privados, gente que vive por sobre de sus posibilidades...Un galimatías de endeudamiento y de endeudados.

La culpa es de la economía del despilfarro en que todos nos hemos instalado. Del estado que construye aeropuertos, ferrocarriles y autopistas donde no hay gente. De las autonomías que se han creído y montado como miniestados. De ayuntamientos y diputaciones que levantan polideportivos y auditorios a mansalva o para ganar votos. De los nuevos ricos que lucen mansiones y coches para colmar su vanidades o competir con el vecino. La economía del derroche...

Pero, más allá de esta feria de despropósitos y vanidades, el peor despilfarro no está tanto en los servicios públicos prestados a los ciudadanos, que también por sus abusos, como en sus grandes y caras estructuras, materiales y administrativas, engrosadas artificialmente, por razones políticas y de amiguismo, y no por gestiones de rentabilidad. Es aquí donde las tijeras deben recortar con criterios de racionalidad. Hacer más y mejor, con menor coste.

Esto no se resuelve en las espectaculares "cumbres", políticas y económicas, cuya frecuente grandilocuencia e ineficacia, tienen desconcertados a los ciudadanos, sino en la aplicación diaria de criterios de rigor y productividad en las inversiones y en la gestión de los asuntos internos de cada país. Los grandes milagros, con frecuencia, están en las pequeñas cosas. Que son las que entiende el ciudadano. Lo otro le suena de divertimento.


jueves, 1 de diciembre de 2011

No hacer más comedia



Cuando un político llama a “no hacer comedia”, hay que escucharle. Sabe de qué va. Conoce el paño. Tiene experiencia, propia y ajena. Y si el que hace este llamamiento es gato viejo en política y lo formula de manera perentoria y a toda la sociedad, razón de más para prestarle toda la atención.

Desde su privilegiado puesto de observación como expresidente de la Generalitat y con la madurez de toda una vida dedicada al quehacer político, Jordi Pujol levanta ahora su voz para advertir que “se acabó la hora de hacer comedia o de tergiversar”. “Y esto –añade- vale para todos”.

Que políticos, medios de comunicación, intelectuales, sindicatos, patronales -que son a los que principalmente se dirige- con frecuencia “hacen comedia o tergiversan” la realidad y las intenciones, es obvio. Pero que lo diga –y se lo reproche- tan claramente alguien que ha estado metido en este terreno y en primera fila durante décadas, tiene su aquel. No son palabras vacías.

El expresident Pujol llama a terminar con estas prácticas en este momento de grave crisis y precisamente para ayudar a superarla. “A los políticos –dice- ahora más que nuca les está prohibida la frivolidad, o la instrumentalización partidista, o el ansia de quedar bien a cualquier precio. Al mundo mediático y al intelectual, también”- señala con énfasis. “El mundo mediático e intelectual también han de decir las cosas por su nombre; y no han de dar coba”

Terminar con  estas prácticas de hacer comedia y de tergiversar  “es condición inexcusable –advierte Pujol- para la recuperación del equilibrio presupuestario y para la superación del riesgo de quiebra”; como lo es para la “recuperación de la actividad económica y la creación de empleo”.

Sin sinceridad y honestidad en la vida pública, sus agentes dejan de tener crédito, y la sociedad se instala en la desconfianza paralizante y destructiva. Este es el mensaje de fondo, de las palabras de Jordi Pujol.

Aunque  también llevan otro mensaje, menos neutral: que los electores no han dado la espalda en las urnas, sino todo lo contrario, al actual gobierno catalán de CiU precisamente porque les ha dicho bien claro que para superar el grave momento en que vivimos, nos esperaban  “sudor y lágrimas”.

Me quedo con el primero, de mayor altura y alcance: “se acabó la hora de hacer comedia”. ¿Es que hubo alguna “hora” en que estaba permitido “hacer comedia”? Una hora que nunca debiera haber llegado...




lunes, 21 de noviembre de 2011

Que el triomf no l’encegui


Després del seu gran triomf electoral, i precisament perquè aquest triomf no li pugi al cap, com va passar a Aznar –a qui ha superat en vots i escons–, i després de deixar al seu nivell més baix el socialisme representat per Zapatero, “l’evaporat”, Mariano Rajoy hauria de tenir sempre presents dues reflexions: 

Primera. No oblidar mai la promesa, feta des del “balcó de la victòria”, de tenir sempre la mà estesa a les altres formacions polítiques a l’hora de governar, encara que els ciutadans li hagin donat la majoria absoluta i, per tant, suficient per a portar el timó del govern. També Aznar va fer aquesta promesa, de la qual s’oblidà l’endemà mateix. Fou el seu gran error.

Segona. No és exacte que la millor política social “és” una bona política econòmica, com se sol dir, però sí que la millor política social “comença” per una bona política econòmica. Sense crear riquesa –cosa pròpia de la dreta– no és possible repartir-la –objectiu de l’esquerra–, però si no es reparteix a temps, o mentre es va creant, les fonts de la seva  creació s’estanquen. L’estat del benestar ja és irreversible.

No és cap ganga governar –ni que sigui amb majoria absoluta– en una situació de crisi tan llarga i profunda com la que passem. El consens o la complicitat amb altres forces polítiques i socials serà imprescindible per a portar endavant determinades decisions: la indignació i l’esquerra estaran a punt per a sortir al carrer. I també caldrà comprendre la diversitat real –social i territorial- del país perquè aquest sigui “una gran nació” –com diu Rajoy- en l’Europa de l’euro amb què s’haurà de negociar per tal de “no ser un problema sinó part de la seva solució”

El triomf, d’altra banda, del nacionalisme moderat català de CiU, amb el que convindrà que s’entengui per algun tipus de “pacte fiscal”, i del nacionalisme radical basc d’Amaiur, al que s’haurà de tenir en compte, perquè és un gran pas l’entrada abertzale a la política i la seva renuncia a la violència, seran la pedra de toc del futur govern conservador. Encara no tot el mapa és de color blau.

A un gran triomf electoral hi correspon una enorme responsabilitat a l’hora d’exercir el govern en una situació tan complexa i difícil com l’actual. El diàleg no pot estar renyit amb la fermesa. L’esperança està en el fet que el tarannà de Rajoy no és l’autoritari d’Aznar ni el demagògic de Zapatero.  

Felicitats al senyor Rajoy per la seva àmplia victòria, tot i que a la vista del que l’espera és possible que Rubalcaba es consoli del seu fracàs amb el pensament que en determinades circumstàncies només una cosa pot ser pitjor que perdre unes eleccions: guanyar-les.

La “prima de risc” i “els mercats” estan esperant cada matinada... 






martes, 8 de noviembre de 2011

Debate que no mueve votos


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Pocos votos habrá movido este debate. Cada candidato ha cuidado a sus clientelas, que seguramente se habrán afianzado. Buen debate, sin grandes sorpresas, que viene a afianzar el bipartidismo y el centralismo, al ignorar, por un lado, a los demás partidos y, por otro, las reivindicaciones territoriales (ni una palabra, por ejemplo, sobre federalismo ni Pacto fiscal).

Cada contendiente llevaba su mochila que le condicionaba. Rubalcaba la de haber sido vicepresidente de un gobierno fracasado. La mochila de Rajoy era más agradecida, repleta de encuestas favorables, pero que podrían cambiar de signo al menor desliz importante.

Rubalcaba ha intentado –y esto le podría suponer algunos votos-  erigirse en portavoz de los descontentos, olvidando que ha sido figura clave del gobierno responsable, en gran parte, del descontento; gobierno el nombre de cuyo presidente nadie ha pronunciado; Zapatero se ha evaporado.

Rajoy, casi oficiante ya de futuro presidente, se ha mostrado prudente y no se ha arriesgado con promesas demasiado concretas, pese a lo cual, el agresivo Rubalcaba ya ha asumido, en la práctica, su nuevo papel después del 20N.

Así, en un sondeo flash de Motroscopia, para El País, el líder del PP ha superado al candidato socialista por cinco puntos (46% a 41%) y mejora las previsiones, según la encuesta realizada tras concluir el debate. También los analistas políticos coinciden, en general, que Mariano Rajoy sale afianzado, pese que alguno había pronosticado: “ganará Rubalcaba”

Mientras el candidato socialista, bajo el peso de su mochila, insistía en sembrar la duda y la sospecha sobre los, calculadamente, inconcretos planes de Rajoy, éste, con la bolsa de oxigeno de las encuestas a sus espaldas, reclamaba, una y otra vez, la urgencia del cambio Y no solo de gobierno, si no de política, para ganar la confianza necesaria para salir de la crisis, creando empleo y lograr credibilidad ante los países que puedan ayudarnos.






martes, 1 de noviembre de 2011

No es una crisis, es un drama

No es una crisis, es un drama. Es distinta de las otras, más que una crisis Y más que un drama para millones de personas, una tragedia.

Pero la seguimos llamando crisis, porque no hemos adaptado el nombre a la realidad. No es un típico movimiento cíclico de la economía, de desajuste de oferta y demanda o de fallida de un sector o de varios. Es un cambio profundo, un corrimiento de tierras en el mapa político-económico global.

Se ha desplazado el centro de gravedad económico y político. Y la riqueza y la pobreza se están intercambiando de lugar. Y a los países de occidente, los hasta ahora ricos y poderosos, por ahora les toca el papel de perdedores. Esto no estaba previsto, a corto plazo.

Unos, como Francia, intentan aplicar las medidas tradicionales a los cambios de ciclo: progreso y depresión. Austeridad y estímulo de la demanda para animar el mercado y la producción. Pero producción y mercado están lejos: en China,  India, Brasil...Allí está la oferta masiva y barata, y también el poder de compra.

Otros, como Alemania, iniciaron antes la austeridad y mejoraron la producción con talento innovador y la oferta con más productividad. Se están resistiendo a los efectos de los desplazamientos de los centros de gravedad. Por  esto mandan y lideran, aún, en nuestras latitudes.

Pero las previsiones siguen siendo malas. La economía española, dicen los expertos, está estancada. Y la Organización Internacional de Trabajo nos advierte que, pese la las cinco millones de parados, la desocupación en España aún no ha tocado fondo. La crisis es mucho más que una crisis, y en cada unos de estos cinco millones de parados hay una tragedia.

Reconocer esta realidad comporta aplicar soluciones distintas a las de siempre. A una situación radicalmente diferente, medidas radicalmente diferentes. Ya no podremos vivir como ricos, y trabajaremos como pobres. Solo la capacidad de adaptación y la inteligencia innovadora nos salvarán
en un mundo cambiante a toda velocidad.

A una crisis –económica y social- distinta, soluciones nuevas para un mundo globalizado. Producir cosa nuevas y distintas, de forma diferente y a precios competitivos. Y evitar, con una equilibrada justicia distributiva, que haya sectores sociales que se hundan en la miseria.


viernes, 21 de octubre de 2011

Ahora, la factura de ETA

No se le puede pedir a ETA que renuncie a su objetivo político, pero se le debía exigir que renuncie a la violencia. La aspiración a la independencia vasca, utópica o razonable, está dentro del terreno político y, por tanto, democrático. El uso de las armas para conseguirlo está totalmente fuera de este terreno, y pertenece al de la barbarie.

Ahora ETA ha decidido, según su comunicado, "el cese definitivo de la actividad armada", lo que es una gran noticia. Pero no se podía esperar que también renunciara a "la causa" por la que ha luchado, de forma totalmente condenable, durante casi medio siglo. El conflicto existía y sigue existiendo, llámele cada cual como quiera.

Lo que, inteligentemente, ha hecho ETA, ante su situación de manifiesta debilidad, es cambiar de método y de estrategia. Arropada por una cohorte de llamados expertos extranjeros, llevar su causa al terreno de la alta política y lograr su internacionalización. Es decir, que su reivindicación se considera estrictamente política y que, de algún modo, se vea respaldada por personalidades y organismos internacionales.

Esta es su gran jugada. Nos libera de la violencia, buena y deseada noticia, y plantea el conflicto político de manera frontal y con el respaldo de nombres de prestigio mundial en este terreno. A cambio de no violencia presenta su factura: la petición –que suena a condición- a España y Francia de "abrir un proceso de dialogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada"
                        
Analizada esta exigencia –que recoge la reclamación de la llamada "Conferencia Internacional de la Paz, de San Sebastián"- se quiere decir: 1º, diálogo con los Estados español y francés; 2º, que sea directo, con ETA como interlocutor político; 3º, que sirva para "la resolución de las consecuencias del conflicto", estas "consecuencias" son la violencia armada de ETA y la represión policial del Estado, derivadas del conflicto de no aceptar la independencia vasca; 4º.el previo "reconocimiento de Euskal Herria" como nación; y 5º, "el respeto a la voluntad popular debe prevalecer sobre la imposición", es decir, un referéndum.

Y todo ello para lograr "la superación de la confrontación armada", para lo cual se adelanta declarando el "cese definitivo" de la violencia, buena noticia, hay que reconocer con alegría, pero que, por su contexto, parece condicionada a los requisititos enumerados. Es decir, al pago de la factura política que ETA presenta (para el nuevo gobierno) en su esperada declaración.






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lunes, 10 de octubre de 2011

La indignación paralizante

La indignación es paralizante. Para los que indignan, con sus recortes,  y para los indignados, los recortados. La indignación puede hacer mucho ruido, pero paraliza la mente y resta empuje al corazón. En el fondo, es un conformismo gesticulante o abatido. Es una actitud improductiva.


No es una reacción positiva. No construye, destruye. No predispone a hacer algo para superar la situación que motiva aquel estado de ánimo. Y una sociedad instalada en la indignación va camino de la agonía. Se desgasta en el inútil desafío a lo imposible, sin entregarse al esfuerzo necesario para lograr lo posible.


La protesta por la protesta tiene mucho de infantilismo. Las dificultades, de todo tipo, requieren ser afrontadas con madurez. Madurez de los que manda y madurez de los ciudadanos. De aquéllos, para evitar provocar el desánimo colectivo con medidas tajantes, en tromba y sin matizar, y madurez ciudadana para no caer en la incomprensión sistemática y dejarse arrastrar por el abatimiento suicida. Al contratiempo hay que reaccionar con ánimo positivo y creativo.

No es precisamente lo que está ocurriendo en la actual situación de profunda crisis. No se recorta con  la finura del bisturí, sino a hachazos. Y se responde  demasiado con el desánimo de quien lo da todo por perdido. Ambas son posturas paralizantes y destructivas. Hay que sustituir los hachazos y los gemidos por reacciones prudentes, pero valientes e imaginativas. ¿Para cuándo la creación de riqueza sacando de las piedras pan?


Pero nadie lidera este movimiento positivo. Más allá de la austeridad y del rigor en el gasto público –dice Duran Lleida- necesitamos también que se impulse el crecimiento de la economía y que se genere ocupación. Pero este discurso queda ahogado, en la política y en los medios, por el griterío de la protesta. O engullido por un sentimiento generalizado de impotencia y abatimiento.


Malos políticos los que infunden este pesimismo a la sociedad. Pésimas políticas las que no logran levantar el ánimo de la gente. Pusilamines ciudadanos los que no reaccionan con imaginación, iniciativa y esfuerzo la adversidad. Urge cambiar el xip de todos. Hagamos caso a Einstein: “En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”. La imaginación y la voluntad.