Comentarios y Análisis de Política

jueves, 19 de abril de 2012

Sublime o ridículo

Suena a ridículo gesto del niño travieso que se excusa ante su padre. O a  formal  arrepentimiento de confesionario. O a humillación  con visos de grandeza que a muchos les dará compasión y pena.


Pero con sus palabras admite que ha hecho algo mal. ¿Cazar elefantes? ¿Ir de campamento con quien sea? ¿Marcharse del país precisamente en un momento tan delicado?

No sé si es tan grave cazar elefantes como para poner en riesgo una monarquía. Ir de campamento con quien quiera, aunque quizás no sea la primera vez. Seguramente lo peor es haberse marchado del país, precisamente cuando tantos y graves problemas  se acumulan.

¿Qué es lo que realmente “siente mucho” el Rey?  ¿De que esta vez le hayan ‘cazado’?. ¿En qué cree que se ha “equivocado”? Romperse la cadera no es una equivocación, es una desgracia para él. ¿Qué es lo que “no volverá a ocurrir”, por lo que expresa propósito de enmienda? 

-He pecado, padre. Yo no quería. Me arrepiento.
-Cuantas veces, hijo, cuantas veces? No lo vuelvas a hacer; reza tres avemarías,,,y vete en paz.

Pero, por lo menos, en este país –ya era hora- hay alguien que se confiesa públicamente. Y esto merece un justo reconocimiento. Aunque de lo sublime a lo ridículo, a menudo solo vaya un paso.

¡Dejémosle ya en paz!

sábado, 14 de abril de 2012

Cazando elefantes...

  Tres interrogantes, al menos, sobre la real “caza de elefantes”. La noticia de que el Rey se ha roto la cadera cuando se encontraba cazando elefantes en Botsuana, cayéndose en el campamento de la expedición de los cazadores, es más que sorprendente.

Con el respeto debido, preguntamos:

- ¿Que hacía el Rey cazando precisamente elefantes, a sus 74 años de edad, después de sus recientes intervenciones de rodilla y de pie y con una salud más bien delicada, nada menos que en Botsuana?

- ¿Por qué se fue el Rey a cazar elefantes en tan lejano país africano, estando su nieto aún en el hospital, recuperándose del incidente del disparo fortuito de escopeta en el pié, y estando la Reina en Grecia?

- ¿Por qué el Rey se marcha de su país para divertirse -de campamento y cacería- en el momento en que aquí los asuntos económicos y sociales van de mal en peor, según índices publicados, solventes encuestas, declaraciones de miembros del propio gobierno y de organismos internacionales, y opiniones de expertos?

A parte de estos interrogantes, y que su recuperación se prevé en más de 45 dias, tampoco parece -¿o sí?- la mejor forma de conmemorar el republicano ‘14 de Abril’...

Nuestra monarquía no pasa por su mejor momento...


viernes, 30 de marzo de 2012

El parón y el clamor


Lo importante no fue el parón sino el clamor. Fue una gran huelga parcial. Y un clamor masivo.

Paró mucha gente, pero trabajó mucha más. Pese a que los convocantes, a veces, confunden, inadmisiblemente, el legítimo derecho a no trabajar durante una huelga, con un inexistente derecho a impedir trabajar. Y, lamentablemente, algunos comparsas o infiltrados, practican la salvajada que urge erradicar con contundencia.

La huelga era, principalmente, contra una reforma laboral y unos recortes gubernamentales, que cercenan muchos derechos adquiridos de los que tienen trabajo, para facilitar a los millones que no lo tienen a poder lograr un puesto para ganarse la vida. Las fuerzas sindicales velan, primordialmente, por los que ya lo tienen, olvidándose bastante de los que malviven en el paro. Por esto fue una huelga más parcial que general.

El clamor del malestar fue enorme. Porque es realmente general y afecta a toda la sociedad. Y se exteriorizó en grandes manifestaciones, mayoritariamente pacíficas, ejerciendo saludablemente un derecho de expresión colectivo, que con frecuencia no se ve bien reflejado en los parlamentos, por muy democráticamente que sean elegidos.

El gran clamor callejero fue más una expresión profunda de malestar ciudadano que el rechazo de unas decisiones gubernamentales y parlamentarias concretas. El objetivo era más difuso y profuso, aunque muy íntimo y casi trágicamente sentido.

Es fácil achacarlo a un ‘sistema’ o a un ‘modelo’ social o económico; palabras, estas, que más bien sirven de comodin para disimular que no se conocen, por ahora, otros mejores o menos malos. Lo que sí está claro es que sus escandalosos abusos los pervierten profundamente. Pero estos abusos radican esencialmente en las personas, más que en sistemas y modelos, siempre mejorables.

El clamor era de malestar, profundo y generalizado. Y fue un gran clamor. El parón fue más relativo: la gente quiere trabajar, no perder el trabajo y encontrar uno los que no lo tienen. La ciudadanía dió una lección a las fuerzas sindicales: hay que acordarse de todos.

Y los gobiernos deben ser sensibles a la huelga y, sobre todo, al clamor, para, sin dejar de gobernar para el bien común, corregir los posibles fallos en sus decisiones y los muchos abusos a que, como ya se ha demostrado, dan lugar,                           

lunes, 19 de marzo de 2012

Lamentos de la izquierda



La izquierda se lamenta con razones, pero la derecha gobierna con los votos. La izquierda perdió en las urnas y ahora se moviliza en foros, en los medios y en la calle. La derecha ganó las elecciones y se moviliza desde los boletines Oficial del Estado y de las Comunidades en las que manda. Es el juego, un tanto aleatorio a veces, de la política de la alternancia.

Razones poderosas tiene la izquierda para protestar, porque ve frustrados -o incluso desmantelados-  muchos de sus sueños, pero es que no supo, o no pudo, plasmarlos en una realidad aceptada socialmente y viable económicamente. La izquierda, que es  atractiva y glamorosa, suele moverse entre el idealismo y la torpeza. Y no están los tiempos ni para lo uno ni para la otra. La izquierda ha tenido su oportunidad, y fracasó. Sus malos líderes y la súbita crisis económica ayudaron, muy decisivamente, a su  descabello.

La derecha es más realista. Los votantes se agarraron a ella como a clavo ardiente en un naufragio. Veremos lo que da de sí. De momento, está dando la vuelta al sistema anterior, sin que esto sea garantía de éxito. En menos de cien días ha desmontado un bello entramado de derechos y bondades -con altas dosis de ficcción-  que se sostenía en un tronco fatalmente carcomido por el despilfarro y la corrupción (de unos y de otros) y principalmente por una economía en profunda crisis. Estaba condenado, aquel tronco, a romperse y, por tanto, aquella ficción a derrumbarse.

La derecha dice que ha venido a poner orden en la cosa pública, y seguramente lo está haciendo con rapidez, pero en esta tarea ordenadora se está llevando por delante algo más que el simple desorden, a saber, bienestar y certidumbres que, repetimos, en las actuales circunstancias eran más deseos y buenas intenciones que “conquistas” reales. La derecha ´-en que el egoísmo suele prevalecer sobre el idealismo- se sustenta, sobre todo, en la contabilidad y cuenta de resultados; es decir, en la creación de riqueza cantante y sonante, lo cual es imprescindible para que luego pueda repartirse. A esta esperanza se agarraron, como tabla de salvación,  los votos mayoritarios. De momento, hay una gran movida; está aún por ver que dará de sí.

Son razonables los lamentos de la izquierda por lo que parece se está perdiendo de lo que proclama se había conseguido. Pero hay que recordar, por lo menos, dos cosas: que tuvo su larga oportunidad y fracasó, y que si es cierto, como dice, que “hay otra manera” de afrontar la crisis, a ver porqué no la puso en práctica cuando mandaba. Es su talón de Aquiles.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El ciudadano no tiene la culpa


             
 Se está machacando a la gente para hacerla sentir culpable. Así será más fácil imponerle sacrificios, duros y largos. Si se la llega a convencer de que es culpable, quizás no solo llegue a pasar estrechases resignada, sino incluso contenta, para el bien de la colectividad. Con su sentido de la culpabilidad interiorizado, fácilmente se auto inculpará. Incluso puede que llegue a pedir perdón en alguna procesión de Semana Santa. “¡Asumo, Señor, esta cruz, por mis pecados!”  .

Pero el ciudadano no tiene la culpa, señores políticos, banqueros y estafadores. Los grandes responsables de la gran crisis son ustedes. Los que han dirigido el gran cotarro del país, los que han manejado los dineros grandes y los que se han embolsillado con grandes obras públicas despilfarradoras o con comisiones putrefactas, no son los ciudadanos normales y corrientes.

Ustedes han llevado la batuta del enorme desconcierto, han urdido los tejemanejes económicos y financieros, o han llenado a rebosar los paraísos fiscales, de allá y de acá. No intenten derivar responsabilidades. Los primeros que deben purgar sus errores o sus culpas, son ustedes. No insistan en ‘cargar el muerto’ a la ciudadanía. No intenten que la gente se vuelva rematadamente masoquista, cosa que casi ya están consiguiendo, a la vista de la enorme resignación y la gran disposición a ofrecerse en el altar del sacrificio a estos falsos dioses.

Claro que el inmenso ‘lío’, que dice aquél, ya está armado. y bien armado. Y hay que salir de el. Pero, ¡oigan!, que los ciudadanos, imitándoles un poquito a ustedes, se compraran un coche mejor, se hipotecaran más de lo debido, fueran más a los restaurantes, viajaran alguna vez a las islas más exóticas o compraran joyas para lucir el escote de la parienta o la querida, o cobraran en negro o se ‘olvidaran’ de declarar algo en la Renta o el Patrimonio, no siempre es pecado mortal. Lo suyo, sí, señores políticos tal vez incompetentes o corruptos, banqueros que hayan colocado ‘gato por liebre’ o chupado la sangre a los clientes, estafadores de cuello blanco o menos blanco asesorados, seguramente, por  profesionales de las artimañas sucias. Ustedes sí, están en pacado mortal.

Hay que salir, naturalmente, de la crisis profunda que nos asfixia, seguramente con el sacrificio de todos, pero no todos con el mismo sacrificio. Pónganse -los grandes responsables- de rodillas ante el confesionario de las grandes culpas, y después súbanse, los primeros, a los altares de los sacrificios cruentos para redimir a la humanidad.





jueves, 19 de enero de 2012

Fraga:”Yo le puedo silenciar”

No le guardo rencor, a Fraga, aunque podría. Le traté, no mucho, pero lo suficiente para pasar de ‘víctima’ a tener una ‘buena relación’. Tampoco él era dado al rencor, en el fondo era un hombre bueno y honesto. Podía atropellarte, en uno de sus arranques autoritarios, y al mismo tiempo apreciarte, como me confesó hace años, respecto a mi persona, el actual ministro del Interior Jorge Fernández, por ejemplo.
Recuerdo bien, el día que me llamó con urgencia a su despacho, en Madrid, su: “Espina, yo le puedo silenciar”; se me escapó, sin malicia, “Usted es ministro”. El encuentro, de pié, sin mirarme a los ojos ni darme la mano, casi no dic más de sí. ¿Por qué aquella tensión?. Por un comentario mío, de apenas quince líneas, sobre la cantante Salomé. Por lo visto, ´-después lo contó Giménez Quilez, su director general de Prensa-, el tema se lo habían echado en cara a Fraga, en el Consejo de Ministros.
Era un tema aparentemente inofensivo, pero que tenía entonces su carga. Fue memorable la canción catalana “Se’n va anar” (‘Se fue’) de Salomé, ganadora en Eurovision. Un tiempo después, la cantante decidió, como tantos otros artistas, pasarse el castellano. Y cantó el “Se’n va anar” en castellano. No me gustó la versión, perdía su fuerza y encanto original. Y lo escribí así claramente, apuntando que con el cambio de idioma Salomé “se’n va anar”, se fue de donde le correspondía estar, es decir, que se había pasado de bando. Cayó como una bomba en el Gobierno y Fraga se vio obligado a llamarme a capitulo. Y lo hizo con esta bronca.
Pasado un tiempo, harto por lo visto de mis comentarios críticos en El Correo Catalán, llamó a la empresa y al director, y en la conversación les soltó que “hay que desespinizar el Correo Catalám”, frase que entonces se hizo bastante famosa. Hay que decir que ni la empresa y menos el director Andreu Roselló, estuvieron por la labor. Me recomendaron callarme una temporada e irme fuera, me fui a París, para que escampara la tormenta ministerial. Al regresar, poco a poco, fui volviendo a las andadas.
En un segundo encuentro con Fraga, la cosa transcurrió más amable. Con su hablar rápido y atropellado, en un momento se le escapó “yo no tengo fondos de reptiles”, cosa que en aquel momento no comprendí. Al contarlo al director Andreu Roselló al .llegar a la redacción, me di cuenta de la intencionalidad de la expresión. Me hirió profundamente que hubiera pensado o insinuado que de haber dispuesto de este tipo de “fondos” tal vez hubiese podido ‘comprar” mi silencio. Fue muy desagradable. Como Roselló me conocía, me dijo que no le diera importancia. Fraga no tenía “fondos de reptiles”, pero la verdad es que apuntó que podría ofrecerme algún cargo importante en Televisión. En carta personal le contesté que eso sería incompatible con mi profesión.

Desde entonces, noté una especial atención de Fraga, invitándome, directa o indirectamente, a ciertas reuniones más o menos reservadas en domicilios particulares o en discretos restaurantes. Esto ocurrió de una manera especial durante su estancia como embajador en Londres, en donde desarrollaba una actividad política muy frenética de cara a preparar el futuro político de España. Y desde Londres venía con frecuencia a Cataluña, manteniendo muchos y significativos contactos con personalidades catalanas. En varias de ellas coincidimos con Jordi Pujol, que solía mostrar una actitud bastante reservada.

También coincidimos con Andreu Abelló, Domingo Valls Taberner, Josep M. Vilaseca Marcet, Nicolau Casaus, Josep Prats Ballester, Fracisco de Villavicéncio, Simeó Miquel, Eduard Moreno, Anicet Pausas, Joan Grijabo, Josep M. Belloch, Josep M. Arana, Eduardo Tarragona, Pere Arderiu, Josep M. Vives, Manuel Milián, Carles Sentís, y otros. Fué memorable el encuentro “Trobada del Lluçanès” (abril 1972) en la finca Puig Rafegut, del mecenas de esta y alguna otra reunión, Josep M. Santacreu, pronto van a cumplirse cuarenta años. En ellas, en que se hablaba de la situación política del momento y del futuro, Fraga solía ser el principal centro de atención. Y su actitud era muy receptiva y dialogante. Era otro Fraga.Ya no intentaba silenciar a nadie...

Cuando fue elegido por clara mayoría absoluta presidente de la Junta de Galicia, le mandé unas líneas de felicitación, subrayando, de pasada, su meritorio gesto de someterse a las nuevas reglas democráticas. Me contestó amable y contundente: “Espina, dejemos el pasado y miremos el futuro”, Descanse en paz y silencio..

sábado, 7 de enero de 2012

Choque de nacionalismos

En el choque entre un nacionalismo grande y otro pequeño -en tamaño, se entiende-, el menor suele tener las de perder. Entonces, a este no le interesa el choque frontal.

Por mucho que se aleguen razones de “dignidad” o de “orgullo nacional”, o cosas de estas, jugar a perder no tiene ninguna gracia y puede conllevar varias desgracias. Solo hay que repasar la historia, más triste que gloriosa para Cataluña, por mucho que cantemos aquello de “triomfant”.

Por esto el gustazo del “no” de Mas-Duran a la investidura de un Rajoy con mayoría absoluta, puede quedarse en bastante menos que en un simple gustazo; quizás en un tonto autogol. Cuando era tan fácil y nada comprometido abstenerse, como hicieron los nacionalistas vascos e incluso Amaiur. Y luego, negociar.

El gobierno catalán de CiU prefirió cerrarse las puertas del diálogo. Como se las cierra cada vez que se dedica a protestar y a acusar públicamnte, en lugar de dialogar y negociar, a cada decisión del Gobierno central que cree, seguramente con razón, que lesiona o merma la autonomía catalana. Incluso, un tanto ligeramente, con frecuencia la acusa de anticonstitucional, como acaba de ocurrir ante las declaraciones del ministro De Guindos sobre un control por ley de los presupuestos de las autonomías para poder cumplir con Bruselas.
No hay que confundir la realidad con los deseos. Una cosa es que no guste y otra que el marco legal no lo permita. Como comenta el profesor Francesc de Carreras, en La Vanguardia, “lo dicho por el ministro no es nada nuevo, ya que esta ley, con carácter de orgánica, está prevista en el nuevo artículo 135 de la Constitución que fue objeto de reforma constitucional en septiembre pasado. Se trata de que todas las administraciones públicas –estatal, autonómicas y locales– se adecuen al principio de estabilidad presupuestaria, que se respeten los límites fijados de déficit estructural y que se controle la deuda pública y el crédito contraído”. Y, además, el texto constitucional antes de la reforma, y “varias sentencias del TC interpretan que el Estado es competente para establecer el techo de déficit autonómico”.
Es lógico que esto no guste y sienta muy mal a los nacionalismos no españolistas, y que se resistan a esta realidad jurídica, pero hay que actuar con inteligencia si se quiere cambiar las cosas. No dejándose llevar por “los gustazos”. Tampoco, como ha dicho cierto alcalde, esperando que la crisis debilite al Estado y esto haga más fácil lograr la “esperada” independencia. El Estado y el Gobierno son más fuertes que nunca -por tanto, el nacionalismo español- y ciertos sueños, al menos por ahora, son ingenuos e infantiles. Por otra parte, el nacionalismo español, dentro del Estado es muy compacto, en cambio, en Cataluña, el catalán, aún es minoritario.
También se equivocarían gravemente el Estado y el Gobierno -el nacionalismo español- actuando con prepotencia y desconociendo la profunda realidad de los nacionalismos periféricos, a los que con aquella actitud fortalecerían considerablemente, como ya ocurrió con la arrogante actitud del segundo mandato de Aznar y con las equivocas políticas de Zapatero.
Se imponen, por sentido común, el diálogo y la negociación, el pactismo propio del más puro Catalanismo, que hizo grande y próspera a Cataluña y decisiva en España.
El choque de nacionalismos no interesa a nadie, y menos al más débil. La crisis económica sólo fortalecerá al grande, ya que el Estado es quien debe entenderse con Europa, con la zona del euro y con los llamados mercados.