Comentarios y Análisis de Política

martes, 5 de abril de 2011

Godó se catalaniza

Mientras La Vanguardia, el diario de mayor tirada y más representativo del país, no sea en catalán, resultará siempre difícil poder afirmar que Catalunya es una nación, escribí en este y en otros diarios, hace más de dos años, con el título 'Sin La Vanguardia en catalán no somos nación'. Igualmente se podría decir de los medios audiovisuales: mientras las radios y las televisiones en catalán no sean aquí las más escuchadas y vistas, costará hacer creer que somos realmente una nación. Sobre todo cuando de la lengua hacemos, creo que erróneamente, nuestra esencial contraseña de identidad. Ante el anuncio que el periódico de los Godó hará dentro de poco una edición catalana, aquellas reflexiones pueden ser reproducidas aquí casi igual, aunque matizadas. Si bien nos tendremos que contentar con la lapidaria afirmación del ex conseller Joan Manuel Tresserras cuando decía en 2008 que "Catalunya es una nación posible, no una nación inevitable". De ahí las preocupaciones que se viven para la "construcción nacional" de este país y los esfuerzos que se invierten. Se deduce, por tanto, que estamos en una fase de "construcción". Catalunya "es una nación posible-añadía Tresserras- si la gente lo quiere, y la gente lo querrá o no según que se le ofrezca y según cómo se la seduzca". O sea: primero, la gente lo tiene que querer, y en segundo lugar se le deberá ofrecer algo interesante y que la seduzca. Y no está nada claro que quiera ni que se sienta seducida a ser una nación si lee, ve y escucha mayoritariamente medios de comunicación en castellano. De ahí el esfuerzo que hace años que se están llevando a cabo para construir "un espacio catalán de comunicación", ya que, como argumentaba el conseller, "sin un espacio de comunicación bien establecido, la nación no es posible, si no hay un espacio de cultura y comunicación compatibles, la nación no es posible, ni antes ni ahora ". En este proceso, del que la fundación ESCACC conmemoró los veinte primeros años, hubo un hito histórico, como remarcó Josep Gifreu, en el año 1991 cuando el presidente Jordi Pujol presentó el informe 'Construir el espacio catalán de comunicación', elaborado con las aportaciones y reflexiones de colaboradores y consultores de todos los Països Catalans y dirigido por los profesores Josep Gifreu y Maria Corominas, por iniciativa del Centro de Investigación de la Comunicación, que tuve el honor dirigir. Los resultados prácticos, sin embargo, no parecen aún muy esperanzadores si nos atendemos a las tiradas, a las audiencias ya la grave problemática de los medios de comunicación en catalán, a pesar de las fuertes subvenciones oficiales. ¿Cómo construir, entonces, el espacio catalán de comunicación que haga posible una nación? Para Tresserras, "la catalanid
ad tiene todavía sentido, hoy, como espacio histórico, y es posible y conveniente pensar en Catalunya como un proceso histórico abierto de construcción nacional". Como preguntaba irónicamente y cáusticamente, hace ya años en un acto en el Colegio de Periodistas de Catalunya, el profesor Miquel de Moragas, para escándalo de algunos: "¿Qué le pasaría, en 'La Vanguardia', si se publicara en catalán. ¿Y qué le pasaría al ‘Avui’ si se publicase en castellano". En la respuesta está el verdadero quid de la cuestión del punto donde nos encontramos en este "proceso histórico de construcción nacional". Y la respuesta, tras la buena acogida de la edición en catalán de El Periódico, de una cierta estabilización del tándem El Punt-Avui, de la aparición del nuevo diario en catalán Ara y del anuncio oficial de una próxima edición en
catalán de La Vanguardia, que viene a coronar la multitud de diarios y revistas - en papel y digitales-, radios y televisiones, de diferentes ámbitos, la respuesta a las preguntas de Tresserras y de Moragas va siendo más positiva. Y el proyecto antes mencionado de 'Construir el espacio catalán de comunicación' se va enriqueciendo y respondiendo a la realidad social del Principado, no tanto a la utopía de los Països Catalans. Como dice el Conde de Godó, al anunciar este evento, "La Vanguardia refleja, con la nueva oferta, la plural y tranquila normalidad lingüística de Catalunya". Y lo explica (sin referirse a si tendrá o no algún tipo de subvención oficial) de esta manera:: "Nuestro compromiso firme y atento con el público, con la libe
rtad de expresión y de mercado, y con el sentir de la sociedad en la que estamos arraigados nos conduce de manera natural a duplicar nuestra oferta. a partir del próximo mes de mayo, La Vanguardia será también un gran diario europeo en catalán, sin dejar de serlo también en castellano. Cada lector podrá escoger la versión de La Vanguardia en el idioma que desee, tanto en papel como en la edición digital ". Con esta edición en catalán, La Vanguardia contribuye y sirve a la pluralidad de Catalunya y, al mismo tiempo, a que sea más "nación". Godó se catalaniza.

Ya lo tienen cogido, a Zapatero

Los grandes empresarios ya lo tienen cogido, a Zapatero. Ya sigue sus dictados, que son los que necesitan y le ha impuesto la Unión Europea. Por esto ahora le piden que no se vaya. Que no convoque elecciones anticipadas, como no para de reclamar Rajoy “para el bien del país”. Ya es el zapatero que les hace los zapatos a su medida. Ya es “su” Zapatero. Fue en el almuerzo a que invitó a más de cuarenta grandes empresarios que estos, se asegura, le rogaron que no convocara elecciones antes de tiempo con la esperanza, naturalmente y ya es confiar, de que cumpliera las reformas prometidas para sanear el déficit e intentar activar la economía. En la línea de lo que hace un tiempo le pidió Duran Lleida en el Congreso: haga las reformas que hay que hacer para salir del pozo y váyase. En otras palabras: inmólese en el fuego de las duras e impopulares medidas que la economía y Bruselas le exigen y después dimita o convoque elecciones. No tiene otra salida. Hacer de la necesidad virtud. Olvidarse del Zapatero que ganó las elecciones y ser otro Zapatero. Incluso le podría ser rentable electoralmente si no hubiese cometido tantos errores antes y no fuese ya demasiado tarde ahora. Parece cierto que solo acierta cuando rectifica. Pero este ya no es el Zapatero original salido de las urnas. Su socialismo y progresismo ya están en el baúl de los recuerdos. Ahora, en el escenario, representa otro papel. El de neoliberal, como dicen sus detractores en las propias filas políticas y los sindicatos. Tanto es así, que los mismos empresarios que le acusaban de casi todos sus males ya no tienen prisa para que se marche. Desprestigiado y políticamente débil, no tiene más remedio –de buena o mala gana- que seguir sus dictados para intentar salvar la economía del país. Y pone tanto énfasis en esta representación del nuevo personaje teatral, que muchos sectores de la izquierda se sienten desamparados, traicionados y con vértigo ante el vacío. Y en el campo de la izquierda que políticamente ha quedado casi libre, y que mediáticamente ya no cubren bien ni El País, ni Público, surge como una necesidad de la izquierda radical, el nuevo diario La Voz de la Calle de la mano y financiado por un multimillonario comunista, amigo de Carrillo. Paradojas de la vida. Pero ¿quién es “la calle”? ¿Cual es su “voz”? Claro, depende de la calle...Lo más seguro es que ya no es la en que vive el travestido Zapatero.

Pujol se revisa a sí mismo

No es un acto de contrición, pero lo parece. No dice que se equivocó, pero cambia de criterio. De sabios es rectificar, si es que, en este caso, hay una sabia rectificación. Aunque no es muy seguro. Más bien sigue en su hábil “sí, pero no” y “no, pero sí”. Lo cierto es que el ex president Jordi Pujol, desde hace un tiempo, ha entrado en un camino de revisionismo de sus convicciones y planteamientos. Quizás no muy profundo, pero aparentemente bastante radical, No muy profundo porque en el fondo es el mismo, pero ha modificado ostensiblemente su estrategia y su lenguaje. Pujol, a la vista de determinadas circunstancias que considera graves para Catalunya, revisa sus posturas pasadas respecto de España, de las relaciones Catalunya-España, se revisa a si mismo. Y cambia de brújula o, al menos, reorienta el sentido de sus agujas. No es que pierda el norte, pero lo busca en otro lugar. Y este esfuerzo de autorrevisión le conduce a algunas contradicciones. Afirmar que siempre ha estado a favor de un buen encaje de Catalunya dentro de España – doctrina esencial del catalanismo-, que de esto hizo su apostolado durante toda su vida, y que ahora no lo está por culpa de posturas “anticatalanas” de los actuales PP y PSOE, suena, históricamente, a renunciar a lo esencial por lo circunstancial. Incluso la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, encajándolo restrictivamente dentro de la Carta Magna, permite caminos e interpretaciones de un más explícito reconocimiento de la personalidad nacional catalana y de su autogobierno. Y el mismo Tribunal Constitucional puede ser modificado legal y democráticamente. Como también la Constitución. Para el ex president de la Generalitat si España sigue con “su menosprecio” a Catalunya, la mancha de aceite independentista se irá extendiendo. Y cierto es que, en amplios ambientes catalanes, ha ido ganando terreno, lo cual debiera ser motivo de reflexión profunda para gobernantes, políticos, opinión ilustrada y por la propia sociedad española. Las cosas no ocurren porque sí. En su reciente conferencia “¿Residuales o independientes? ¿Alguna otra solución?”, Pujol confiesa que “después de muchos años de intentar disuadir a los que optaban por el independentismo, ahora me encuentro que no tengo argumentos para rebatirlos”. Lo cual hace pensar en la solidez de sus anteriores convicciones y argumentaciones o de las que actualmente parece apuntarse. Hecho que no deja de sorprender en un hombre de acusada solidez cultural e intelectual. Y como político de auténtica vocación y reconocida talla, sorprende tanto o más su afirmación de que “no ve argumentos contra la independencia, salvo su viabilidad política y el riesgo interno (en Catalunya)”. ¡Casi nada la “viabilidad política y el riesgo interno”!. Porque si ética y teóricamente, resulta difícil negar la legitimidad (no es lo mismo que lagalidad) de un pueblo o colectividad, con la personalidad, solidez, cohesión y voluntad suficientes, el derecho a escoger por las vías legales, la forma en que desea estar vinculado a otros del mismo Estado o en el concierto internacional, otra cosa son los hechos. A un político de fuste, aunque sea nacionalista desde su más tierna infancia, no se le puede escapar la realidad, por más que quiera cambiarla y precisamente por esto. Como no se le escapa, evidentemente, a Jordi Pujol cuando contrasta su sueño político, con sus fuertes dudas sobre la “viabilidad política y el riesgo interno” de la independencia catalana. Viabilidad política, teniendo en cuenta la realidad del actual Estado de derecho y de la correlación de fuerzas políticas en este momento, así como el contexto jurídico-político de la Unión Europea que no admite ciertas derivas. Pero seguramente es de tener más en cuenta lo que llama “el riesgo interno”. Catalunya es una sociedad plural, y cada vez más, y no homogénea. Y un planteamiento secesionista de España la dividiría sin duda, seguramente por la mitad. Lo cual sería fatal para su presente y su futuro. Para intentar una mayor aceptación del sueño independentista, “como una mancha de aceite”, el énfasis que ahora se pone en el aspecto económico (el “expolio fiscal” de España) sobre el aspecto simplemente identitário, puede ser muy eficaz (por aquello de “la pela”) para penetrar en sectores no nacionalistas. Pero el “riesgo interno” de división social seguirá existiendo. Una ideología y unos sentimientos no se imponen, ni puede intentarse en una sociedad democrática; es propio de otros regímenes. Todo esto lo sabe muy bien Pujol, antes y después de su “auto revisionismo”. De aquí su constante “si, pero no” o “no, pero sí”. Pero esto, en el fondo –no de su sueño, sino de su realismo- viene a coincidir con el pensamiento del ex ministro y socialista catalán Joan Majó, cuando éste afirma que prefiere ser “una Baviera alemana que Dinamarca” ya que, visto desde Europa (de la que tiene larga experiencia), aquella tiene mucho más peso y posibilidades que la segunda. De aquí que propugne un Estado de corte federal, que es la doctrina de la izquierda. Convendría, tal vez, que, pese a las evidentes dificultades de un rumbo federalista, el ex president Pujol siga “revisionándose a si mismo” en esta línea.

Zapatero huye de sí mismo

Se dicen y se dirán tantas cosas sobre la anunciada retirada de Zapatero que, en el festival de la charlatanería político-mediática, se intentará confundir a la gente. Suele ocurrir siempre, lamentablemente, ante noticias de este calibre. Los políticos en busca de notoriedad y votos, los medios para aumentar audiencia y publicidad. Para los ciudadanos la cosa es simple y clara. Zapatero, esta vez, ha hecho caso a la voz de la calle: que se vaya. A la voz de la opinión pública expresada en las encuestas. A la voz de los millones de parados. A la voz de los que temen perder su puesto de trabajo. A la voz de los pensionistas que ven mermadas sus pensiones. A la voz de la economía en quiebra. A la voz de los que le votaron y están defraudados. A la voz de un futuro aun negro. Por esto, más que de una retirada, parece una huida. De los problemas reales, de los que ha creado y de los que están por venir. Y una fuga de sí mismo. Porque ya no es lo que era –con buenas intenciones equivocadas- en tiempos de la sonrisa y el talante, de las promesas fáciles, del redentorismo demagógico de los débiles y los marginados. Ya es otro. Ni el mismo se reconoce, obediente, forzosamente “sí o sí”, a los Botín y a las Merkel. Huye de sí mismo, porque le echan sus errores pasados, de novato, iluso o insensato, y la desbocada crisis de ahora, que no supo prever, ni admitir, ni controlar. Aunque –genio y figura hasta la sepultura- intente salvar la cara, perjudicando a su partido –dividido y desorientado- ante las próximas elecciones locales y autonómicas de mayo, y sin atreverse a adelantar las generales, que podrían clarificar el panorama, con lo que perjudica, también, al país, sometiéndolo en la interinidad y el desconcierto. Zapatero huye de sus errores, de los problemas y de sí mismo, pero no de su ego, que ahora revestirá de víctima propiciatoria en el altar de la salvación de todos los hijos de Eva. Que los dioses le oigan.

martes, 15 de marzo de 2011

Mas, pero menos, por ahora

 Mas, pero menos, por ahora. Es el peligro de anunciar, a bombo y platillo, que se va a formar el “gobierno de los mejores”. Aún no han transcurrido los primeros cien días de gracia, y lo evidente es que es el “gobierno de los mejores... recortes”. En todos los terrenos. Y esto está calando en la opinión pública.

Recortes seguramente necesarios – quizás discutibles en la forma y materias— por la necesidad de reducir el déficit público, que el nuevo gobierno catalán se ha encontrado como herencia del tripartito socialista-independentista-ecologista. Fuerzas políticas, éstas, que fracasaron en su intento de gobernar juntas, aunque algunas cosas hicieron bien especialmente en el campo social, como reivindica la exconsellera Marina Geli, durante sus siete años de azaroso mandato.

Pero estamos, nuevamente, en tiempos de elecciones, ahora municipales en Catalunya, y estas fuerzas desahuciadas clamorosamente del poder, aprovechan todo lo que pueden para desgastar a marchas forzadas al Govern de CiU. Gobierno que preside Artur Mas, del que forman parte brillantes académicos, cuyos títulos no garantizan que sea el “gobierno de los mejores” para gobernar. Tras las críticas del expresident Montilla para quien este gobierno en sólo dos meses ha echado por la borda los logros de siete años del tripartito,  el alcalde socialista de Barcelona, Jordi Hereu, que se presenta a la reelección, frente al convergente Trias, ha llegado a calificarle de  “gobierno de contables” más que de“políticos”.

Incluso desde las propias filas políticas, el diputado de CiU al Parlament, Antoni Fernández Teixidó, en declaraciones a TV3, la televisión oficial, considera un "disparate" la "perdigonada de recortes" presupuestarios generalizados anunciados por el Govern de la Generalitat. Por su parte, Esquerra Republicana conmemora los cien días de Mas presentando “los cien patinazos” de su gobierno.

Mientras, Artur Mas se defiende pidiendo “tempo y trabajo” y a no dejarse llevar por el pesimismo, que hará más difícil salir de la crisis, y recurre a la socorrida apelación al “sentido de país”. Y reclama al PSC que “en lugar de dar apoyo cada DIA al Gobierno de Madrid, ayude al Govern de Catalunya, que bastante difícil lo tiene”.

La sensación que va cuajando, es que Mas lo está encontrado más difícil de lo que preveía, y que su Govern no es “el de los mejores”, sino el mejor que ha podido, y que sus primeras medidas tampoco son las mejores. 

Por ahora, Mas..., pero menos.


martes, 8 de marzo de 2011

El discurso de las tijeras

 El discurso de las tijeras se está convirtiendo en el discurso del miedo. Su reiteración enfática a todos los niveles oficiales parece más una competición que una convicción. Un ahora toca decir esto, por consigna o para escudarse ante lo que está cayendo o lo que pueda venir, que una auténtica terapia para preparar la remontada económica. Y sus efectos son la desmotivación y la depresión.


Falta el discurso del aliciente, basado en unos objetivos claros y concretos, que movilice iniciativas, energías y recursos. Objetivos de ahorro para sanear cuentas que permitan nuevos proyectos realistas, Objetivos de captar capitales de fuera —o de debajo de las piedras—  para estos proyectos inmediatos o futuros. Objetivos de exportación de bienes y servicios, en forma de productos manufacturados competitivos o de servicios del conocimiento (tecnológicos, profesionales, colaboración, etc.) o de la gran industria del turismo, por ejemplo.

Y falta el discurso de que el paro no se arregla inventándose puestos artificiales de trabajo, sino dinamizando una economía  productiva con empresas sólidas y con futuro. El desempleo no es por falta de empleos, sino por falta de actividad económica que genere puestos de trabajo. El empleo virtual puede servir momentáneamente de colchón para los casos extremos, pero es un lastre para salir de la crisis. No hay que confundir los términos.

El discurso de las tijeras – tanto el en que se ha instalado Zapatero, como también el que atenaza a Artur Mas – pueda ser necesario durante un tiempo determinado, pero acaba transmitiendo pesimismo y contagiando el desaliento a la sociedad. El discurso de los recortes, si no está muy bien acotado en el terreno y en el tiempo, se convierte en el discurso del miedo paralizante. Y lo que urge ahora, más que discursos, son alicientes y  actuaciones dinamizadoras.

jueves, 3 de marzo de 2011

Príncipes, “con prisa” y “sin prisa”

Cuando Juan Carlos era príncipe daba la sensación de “tener prisa” para convertirse en Rey. Fuentes de la Zarzuela afirman que ahora el príncipe Felipe “no tiene prisa” y que la transición llegará “cuando debe llegar”, descartando, además,  que se haya puesto en marcha una operación de abdicación o que se acelere la transición que desean sea tranquila. Las circunstancias son muy distintas de entonces.
El príncipe ha celebrado ahora su 43 aniversario coincidiendo con los 25 años en que juró acatar la Constitución, en solemne acto ante el Congreso de los Diputados. Algunos datos sobre la salud del Rey y la creciente actividad del príncipe han dado pié a ciertos rumores y especulaciones. Oficiosamente se asegura que las cosas seran a su tiempo, por esto el príncipe “no tiene prisa”. Estamos en una situación de normalidad.
En el primer quinquenio de los setenta, el entonces príncipe Juan Carlos, sí que daba la impresión de tener cierta prisa. Avanzaba la enfermedad del entonces jefe del Estado y la sociedad demandaba un cambio radical, sin traumas, que condujera al país de la dictadura a la democracia. Y el príncipe Juan Carlos estaba en esta previsión y a él le tocaría dirigir el rumbo de este paso trascendental. Por esto, seguramente, “tenia prisa” para llevar a cabo su histórico cometido.
Se le notaba en su interés acentuado por la marcha de las cosas de la alta política y por conectar personalmente con la sociedad pateándose toda la geografía española. Algunos lo pudimos comprobar directamente conversando con él durante una estancia en el Palacete Albeniz de Barcelona. Después de serle presentados algunos directivos de la Asociación de la Prensa, el príncipe Juan Carlos nos hizo algunas preguntas y nos explicó que había visitado diversos lugares de la ciudad. “¿Cree su majestad que la han enseñado lo que realmente le interesaba ver?”, le pregunté, refiriéndome a los lugares más abandonados y pobres del cinturón urbano, cosa que suscitó una manifiesta incomodidad en los acompañantes oficiales del príncipe e incluso en alguno de mis  colegas. Con rapidez e ironía respondió el príncipe: “¿Tu crees que no?”, y se puso a reír y a gesticular con sorna. Había entendido perfectamente la indirecta.
Sí, se le notaba inquietud y “prisa”. Inquietud por lo que estaba pasando y prisa por hacer lo ya sabía que debería hacer. Las circunstancias eran radicalmente diferentes a las actuales. Las incógnitas eran muchas y tremendas. Hacer la transición política, real y en paz, era una tarea gigantesca que necesitaba y pedía el país. Por esto el príncipe Juan Carlos “tenía prisa”; por esto el príncipe Felipe, en la actual situación sin urgencias aunque pueda haber datos a tener en cuenta, “no tiene prisa” en convertirse en Felipe VI.