Comentarios y Análisis de Política

miércoles, 23 de febrero de 2011

Las lágrimas de Esther

Y a Esther se le soltaron las lágrimas. La redactora-jefe de internacional del diario se puso pálida y temblorosa al oír las ráfagas de Tejero, que resonaron por toda la redacción de El Correo Catalán, y ante la escena televisada de lo que ocurría en el Congreso, aquel 23 de febrero de 1981, se puso a llorar. Los demás, perplejos y asustados; llorábamos por dentro. ¿Se había terminado la incipiente democracia?

Aquellas lágrimas vivas de Esther tenían sentido, entonces y ahora.

Entonces, porque por unas horas pareció que se había acabado con un sueño de convivencia democrática, larga y dolorosamente esperado, que acababa de llegar. Que se había acabado bajo las espectaculares ráfagas de metralleta de unos exaltados militares que secuestraron el gobierno y el parlamento, pero también por la incapacidad de unos partidos políticos que por su inmadurez (UCD), por sus prisas de llagar al poder (PSOE) y por su afán reivindicativo (nacionalistas) habían creado un gran malestar y un caldo de cultivo para una gran trama conspirativa, de la que se sabe casi todo, pero no todo.

Y ahora, porque es de llanto constatar que se abusa, por falta de responsabilidad, de unos y otros, de los bienes e instrumentos que nos ha aportado la democracia (libertad de expresión y de asociación social y política) para socavar la misma convivencia democrática, mejor o peor conformada en un Estado de derecho, mejorable pero que hay que acatar. La confrontación ideológica derecha-izquierda deriva demasiadas veces en guerra de trincheras, y las concepciones sobre las distintas formas posibles de Estado –centralismo y descentralización- se deslegitiman al caer en sectarismos irreductibles.

La gravísima crisis económica, que ya es también profundamente social y política, puede actuar de revulsivo para despertar el necesario sentido de responsabilidad de todos, pero también podría ser un acicate disgregador para un sálvese quien pueda. Ya no se debe esperar que, como en aquella dramática madrugada, el Rey salga por televisión desautorizando el golpe y llamando a la serenidad. A tantos golpes bajos a la convivencia democrática que están proliferando, son las élites de la sociedad las llamadas ahora a asomarse a todas las pantallas (del civismo, la cultura, el pensamiento, la política, la comunicación, etc.) reclamando más responsabilidad y sentido común.

Las lágrimas de Esther siguen manando...

viernes, 11 de febrero de 2011

Batasuna: “por imperativo legal”

Si nadie ha cuestionado nunca, hasta ahora, los juramentos o promesas “por imperativo legal” de acatar la Constitución de algunos políticos, diputados y senadores -cosa bastante sorprendente-, será difícil ahora cuestionar la “condena de la violencia, incluida la de ETA” , también por “imperativo legal” –aunque no utilice esta formula literal- que hace de forma solemne el nuevo partido de Batasuna.
Su imperiosa necesidad de entrar en el juego político para lograr o avanzar en sus fines, impedida por la Ley de Partidos Políticos a los que no condenan y rechazan la utilización de la violencia, hace irremediable que la nueva fuerza abertzale decida pasar formalmente por el aro legal. Quedarse fuera es condenarse a la inoperatividad política práctica. Esta fórmula, que mejora radicalmente los anteriores intentos, tampoco parece ser ética, pero puede resultarle más útil, política y económicamente, si los tribunales le dan el plácet.
Este nuevo planteamiento estratégico no lo hace solo “por imperativo legal”, sino también por imperativo real, es decir, porque no tiene otra salida ya que la inmensa mayoría de la sociedad rechaza la violencia para conseguir fines políticos. Y, además, la experiencia de tantísimos años sin haber conseguido sus propósitos con estoa métodos, no solo ha aumentado su rechazo generalizado, sino que ha llevado al debilitamiento claro de las fuerzas que propugnaban o respaldaban abiertamente la violencia.
Por otra parte, una democracia no puede excluir de su seno a unos miles de ciudadanos que dicen solemnemente comprometerse a respetar sus normas, por simples sospechas sobre su sinceridad. Otra cosa será que haya razones e indicios claros, verificables, de que se actúa con engaño y alevosía, de que estamos ante un “caballo de Troya” de ETA. Esto le toca a la Justicia verificarlo y valorarlo. Por esto estamos en un Estado de derecho.
También es posible que un Gobierno muy debilitado y desprestigiado, con una crisis económica que le ahoga, tenga interés en promover y aprovechar estas maniobras legales, para apuntarse un tanto político en un tema especialmente sensible como es avanzar –o que lo parezca- hacia el fin del terrorismo. Un sutil juego de intereses por ambas partes, que se entrecruzan en este caso. La veracidad y la prudencia debieran predominar para no dar pasos en falso, sin renunciar a los principios democráticos.

sábado, 29 de enero de 2011

Una lucha de ombligos

Es una lucha de ombligos, en el fondo. Más cerca de lo visceral y emocional que de lo cerebral y racional. Los nacionalismos no matizados son excluyentes y se repelen.

En el nuevo resurgimiento –irresponsablemente espoleado desde ambos lados- de los dos grandes nacionalismos que, principalmente, han marcado, y siguen marcando, una historia secular común, prevalecen lo emotivo y los intereses. En sus expresiones extremas, el catalanismo y el españolismo son irreconciliables.

Son expresiones de miradas cortas, en el tiempo y en el espacio, de dos idiosincrasias distintas y que se empecinan en encerrarse en si mismas, en no reconocer la realidad en que, pese a todo, conviven y, seguramente, seguirán conviviendo. Lo cual les lleva al empobrecimiento, real e inevitable, y a la mutua crispación odiosa y estéril.

El imperialista empeño, en el fondo fracasado, de uno (el españolismo), en dominar al otro, y el de éste (el catalanismo) en cambiar a aquél (“cambiar España”), también imposible, solo tiene dos salidas: conocerse más y convivir mejor, o el enfrentamiento radical, hasta la ruptura, prácticamente inviable y sin duda gravemente traumática para todos.

La sensatez ciudadana colectiva –no aceptable, naturalmente, por las dos posiciones extremas- está en ensanchar socialmente las posiciones moderadas y reconducir el debate hacia el diálogo de “los distintos”, que posibilite su conocimiento, comprensión, respeto y colaboración.

Es una labor de la sociedad – de la ciudadanía mayoritaria y de sus líderes sociales naturales y de sus cabezas pensantes- para no dejarse arrastrar por los discursos (generalmente, verbales) minoritarios y radicales, de ambos lados, de políticos visionarios o interesados, y de medios sectarios o intrumentaliazados por fuerzas o movimientos políticos, lícitos y compresibles, pero más ombliguistas que razonables.

En el fondo, cada uno quiere tener, y ser, “el kilómetro cero” de todo.

jueves, 27 de enero de 2011

Mas...tranquilidad para ZP y Rajoy

“Catalunya sin referéndum” titulé un artículo, antes de las elecciones, a la vista de las encuestas catalanas. Justo conocer el resultado, muy favorable a Convergència i Unió, publiqué otro titulado “Regresa el pujolismo”. Este de hoy podría titularse de dos maneras: “Más tranquilidad para Zapatero y Rajoy” o “Mas, tranquilidad para Zapatero y Rajoy”, que significan lo mismo.
Y es que en Catalunya, asistía una enorme ansia de mayor tranquilidad y seguridad, Por esto, los ciudadanos, necesitados de sobrevivir a los estragos de la crisis económica y hartos de crispación y experimentos con el Tripartito, en las urnas han aparcado muchas ideologías y han votado mayoritariamente a una fuerza política moderada y con larga experiencia de gobierno. Este es el secreto de lo ocurrido. Y esto es lo que se le pide y espera del nuevo president Artur Mas, que parece haber entendido el mensaje de la ciudadanía. Ya antes de la cita electoral, con habilidad y prudencia, proclamó como su gran prioridad la salida de la crisis, y limó las aristas de sus reivindicaciones nacionalistas. La pretensión de lograr un Concierto, a la vasca, fue reconducida a un esfuerzo de conseguir un Pacto económico con el Estado. Y la promesa de llegar, algún dia, a un Referéndum de autodeterminación se fue convirtiendo en voluntad de abrir un “proceso” de “transición nacional” en las relaciones futuras entre Catalunya y España. Todo ello supeditado a la dificilísima salida de la crisis. Con la ayuda de un acuerdo de investidura con el Partido Socialista, estrechamente vinculado al PSOE estatal, Artur Mas, que en toda la campaña prometió “el cambio”, es ya president de la Generalitat y “tiene cuatro difíciles años por delante, con un severo contexto de crisis económica y social, para enderezar la nave catalana” (ForumLibertas) Es inexcusable, por tanto, esta prioridad, empezando por generar confianza. Pero, pese a este pacto con el PSC, el líder convergente, delfín de Jordi Pujol, en su investidura ha insistido en no cerrar puertas al PP y a ERC, sin embargo, como CiU (según reconoce Tribuna Digital) , “no tiene ningún interés en dar oxígeno a ERC, a la que hace culpable de su paso a la oposición (pese a haber tenido más votos en las dos legislaturas anteriores), solo se plantearan escenarios de entendimiento frecuente con los populares en el caso de que sean los conservadores quienes gobiernen en Madrid”. Con lo que, concluye el diario nacionalista Tribuna Catalana, “la agitación política, y quizás también el eje nacional catalán, pasan por ahora a mejor vida”. Lo dicho: Artur, más tranquilidad para Zapatero y para Rajoy.

domingo, 16 de enero de 2011

CNN+: Una mala noticia

Evidentemente, la desaparición de CNN+ es una mala noticia. Porque es el cierre de una ventana de información y de opinión. La libertad “de prensa”, como suele decirse genéricamente, no existe en si misma, sino  que reside en la pluralidad de medios de comunicación. En su diversidad encontramos la libertad. Ningún medio monopoliza la libertad, ésta se manifiesta en la suma de las parciales libertades de los distintos medios, en su pluralidad diversificada.
El cierre de un medio siempre suele significar una merma de esa pluralidad y, por tanto, de la libertad de expresión, piedra clave de una democracia. No importa su signo ideológico. Se nos dice, por la propia empresa, que CNN + desaparece porque no es económicamente viable. No es la primera vez, ni será la última, en que esto ocurre en un sistema de libre mercado. Lo que llama la atención es que no sea rentable un medio, como este, que ha sido considerado de cierta calidad, sobre todo en relación al lamentable nivel general televisivo. De aquí la pregunta de si hay que aceptar, sin más, que calidad y comercialidad son incompatibles; tema a estudiar con más profundidad.
Detrás de las cifras, sin embargo, siempre hay alguna explicación, más o menos verosímil. No pocos medios considerados de “calidad” han perecido. Y es que conviene no confundir  “calidad” con la simple calidad formal; es decir, de estilo, de firmas, de secciones interesantes...Cuenta, también, la calidad en la objetividad y en la imparcialidad, a la hora de informar y de opinar. Esto pesa mucho para tener más o menos audiéncia. Y el canal CNN+ era notablemente sesgado a la hora de informar y opinar. Y cuando esta decantación está en la línea gubernamental -sobre todo si el prestigio del gobierno está en baja-, cuando generalmente los medios suelen actuar de contrapoder gubernamental, no es de extrañar su escasa audiencia, que comporta baja publicidad, y, por tanto, inviabilidad económca.
No tienen consistencia objetiva los interesados lamentos, que se vierten, en el sentido de que “los condicionantes económicos y de audiencia obliguen a hacer desaparecer este canal, sobre todo, siendo un medio progresista” y “dada la proximidad de la celebración de elecciones autonómicas y municipales”. Esto es confundir las cosas. Una cosa es la libertad de información y de expresión, y otra la libertad de opciones ideológicas y políticas. Ambas conforman el juego democrático. Pero aquí, hablamos sólo de “libertad de prensa”. Y en este sentido, el cierre de CNN+ es, evidentemente, una mala notícia

domingo, 9 de enero de 2011

Nuevo diálogo Catalunya-España

España es plural y Catalunya es plural. Y en su pluralidad, España tiene una identidad. Como Catalunya tiene una identidad, en su pluralidad y dentro de la pluralidad estatal. Si se reconoce este hecho real de identidades y pluralidades, será posible entenderse y convivir en paz y progreso. De lo contrario, la tensión será permanente y bloqueadora para ambas.

Artur Mas, nuevo presidente de Catalunya, ha vuelto a suscitar la cuestión, en su discurso de fin de año. Lo ha hecho de forma reivindicativa y apelando a las emociones. Pero ha reconocido, de alguna manera, este juego de identidades y pluralidades. Esto puede abrir un camino para un nuevo diálogo Catalunya-España, después de los históricos fracasos en este sentido. Ha reconocido expresamente que Catalunya acumula “sensibilidades culturales o nacionales diferentes o mezcladas". Y que estamos en "una democracia consolidada que compartimos con el resto del Estado". Sobre este telón de fondo, reabrir un diálogo fructífero es posible y necesario, como se he intentado otras veces. Diálogo que, como en otras ocasiones, deberían iniciar los intelectuales, como viene insistiendo, entre otros, el fino pensador y escritor catalán que es Josep Maria Puigjener.

Se trata, para comenzar, de conocerse más. De que castellanos y catalanes empecemos soltando el lastre de tantos tópicos, históricos y actuales, que impiden, a unos y a otros, vernos como realmente somos. Y, después, desde los respectivos puntos de vista, esforzarnos por entender la forma de ser de unosde otros. Y desde aquí, meterno en la piel - histórica, cultural, de mentalidad e idiosincrasia- del otro. Durante algunos años -lo comprobé personalmente viviendo en Madrid-ser catalán era especialmente valorado, casi como un mérito, por todos; casi equivalía a poseer un cierto"master" en seriedad, trabajo y rigor. Años después (quizás en el último mandato de Jordi Pujol) se fue perdiendo.

Entonces, aparecieron las mutuas campañasmediático-políticas de animadversión, que rápidamente se fueron generalizando por diversos motivos atribuibles a todos.

Remontar esto no será fácil, pero hay que volver a intentarlo, de buena fe y con buena voluntad. Con absoluta sinceridad por ambas partes. Sin que nadie crea que debe convencer o imponerse al otro. Fueron ridículos aquellos proyectos de organizar comisiones y caravanas político-culturales catalanas para recorrer la geografía española para "dar a conocer Cataluña". Y, además de ridículos, contraproducentes y un costoso fracasado. No es eso.

Pienso que en esos encuentros, que reclamo, de intelectuales de alto nivel de catalanes y castellanos, y en los planteamientos que se hagan en los debates mediáticos, las cuestiones debían ponerse con toda su crudeza sobre la mesa, y analizarlas lo más objetiva y fríamente posible por todos los interlocutores. Sin afán de superioridad de nadie, sin prejuicios y sin pretensiones que vayan, de momento, más allá de conocernos mejor, en lo bueno y lo malo, y analizarlo desapasionadamente, en sus raíces, causa y efectos. En este primer gran intento, los políticos debían quedar al margen todo lo posible.

El campo de encuentro debiera ser el intelectual y de los expertos, sin militancias activas Y no estaría de más que se empezara poniendo sobre la mesa, o en la picota, para su contraste y un análisis en profundidad, algunas de las afirmaciones que el presidente Artur Mas ha introducido en su discurso. Por ejemplo, las tres siguientes, sin duda polémicas y de hondo alcance intelectual y político:

- “Las incertidumbres y las amenazas también se ciernen sobre nuestra realidad nacional catalana. La incomprensión, y más de una vez hostilidad, a nuestra personalidad colectiva y nuestra identidad cultural y lingüística deberían haber quedado definitivamente superadasen una democracia consolidada como la que compartimos con el resto del Estado".

- “Cualquier aspiración de más autogobierno es presentada como un privilegio; cualquier demanda de un trato fiscal más justo es rápidamente calificada de poco solidaria; cualquier acción de afirmación de nuestra cultura o nuestra lengua es catalogada como un afán de encerrarse en nosotros mismos como si fuéramos un pueblo de mentalidad provinciana”.

- “Cataluña desea más autogobierno porque quiere la libertad; Cataluña aspira a un trato fiscal más justo porque valora el esfuerzo; Catalunya sabe que su identidad se fundamenta sobre todo en su cultura, y a la vez tiene un afán permanente de proyectarse y darse a conocer de puertas afuera”.

¿Algunos pensadores y expertos, de uno y otro lado, recogerán el guante, para debatir esto y más, sin prejuicios de nadie, y con serenidad, razonamientos y profundidad?

jueves, 9 de diciembre de 2010

1.- LA SITUACIÓN POLÍTICA VISTA DESDE CATALUÑA


              LA SITUACIÓN POLÍTICA 
              VISTA DESDE CATALUÑA

100 PREGUNTAS A WIFREDO ESPINA
                Periodista y escritor

       Cuestionario del Profesor Daniel E. Jones*


Capítulo 1

Este es el primer capitulo del  libro, que aparecerá próximamente, diseñado y realizado, en gran parte, por el profesor de Ciencias de la Comunicación,  Daniel E. Jones, cuyo prematuro fallecimiento ha comportado que fuera actualizado en su cuestionario, que repasa en forma d'entrevista los recientes acontecimientos políticos y sociales españoles, vistos desde Cataluña,  por el veterano periodista y escritor, Wifredo Espina, que ha cumplido los ochenta años de edad y los sesenta de periodismo activo.
1. Retrocedamos un poco en el tiempo para tener una visión global de la situación: ¿Qué piensa de la reforma, y sus consecuencias, del Estatut de Cataluña?
Que se hizo muy mal. En el fondo y en la forma. El fondo fue engañoso, y la forma de aprobarlo poco honesta. Aunque, es cierto, supone una mejora en el reconocimiento de la personalidad de Cataluña y en sus competencias respecto del anterior de 1979. Es un avance en contenido, pero tiene mucho de fachada que oculta muchos vericuetos de oscuridad interpretativa, trampas en las que pueden quedar atrapadas muchas esperanzas –como se ha demostrado después- y vías de agua por las que muchas promesas de boquilla se irán colando. En caricatura: un "churro azucarado" que salió por churro, y que está comportando muchas tensiones, a la hora de desarrollarlo y aplicarlo, y muchas desilusiones sobre esperanzas falsamente levantadas. La bajísima participación en el referéndum catalán fue muy indicativa, y frecuentemente sevsilencia con alevosía.
El Tribunal Constitucional, que en nuestro Estado de derecho es quien tiene la última palabra, ya dijo la suya en histórica, controvertida y poco afortunada sentencia -por no haber sabido conjugar legítimos intereses jurídicos-, palabra que algunos, que alardean de demócratas, se han llegado a plantear no acatar. Aquel Estatut -del que Jordi Pujol no era partidario- fue una jugada electoral de Maragall y Zapatero, que ha salido mal y ha radicalizado el ambiente de confrontación Catalunya-España. Las consecuencias políticas, a largo plazo, de aquella operación aun no las sabemos. Y las tensiones creadas se suman a las más graves de una profunda crisis económica y social de gran alcance.
2. ¿Por qué los políticos están tan mal vistos? ¿Se debe, quizás, a los continuos cruces de descalificaciones entre unos y otros?
Abunda la falta de verdadera vocación, de honesta dedicación y talla humana y profesional. El sistema democrático no siempre escoge a las personas de más valía; es una de sus deficiencias. Las promesas incumplidas, los casos de corrupción, los pactos por intereses partidistas, el alejamiento de las preocupaciones de los ciudadanos, etc. son causas suficientes para este desprestigio. Los contínuos cruces de descalificaciones mutuas ayudan también a ello al dar una imagen de poca seriedad. 
3. ¿La Iglesia se mete demasiado en política? ¿Debería abrirse y aceptar los matrimonios homosexuales, por ejemplo?
Pienso que sí entra demasiado en el terreno político. Su reino no es de este mundo, aunque las personas a las que va dirigido su mensaje son de este mundo y del mundo de la política. Por ello debe estar muy cerca de sus problemas y esto requiere una apertura permanente. Su carácter teocrático y, por tanto, no esencialmente democrático, le mantiene más abierta a los principios de la fe y de la tradición que a las cambiantes realidades humanas y a los progresos de la ciencia. Aquí está su grandeza –la inserción a las verdades que considera eternas- y sus limitaciones de comprensión de la problemática cotidiana. De otra parte, la existencia de dogmas limita al raciocinio, el principal instrumento del hombre, de aquí la tendencia al relativismo y al agnosticismo.
Respecto a su pregunta, concreta, opino que la palabra matrimonio no es la adecuada para nominar una situación distinta de la que significa; una palabra para cada cosa y una cosa para cada palabra. Pero yendo más al fondo, encontramos la cuestión de si Dios es de todos o cabe hacer distinciones, por ejemplo no es de los no creyentes ni de los pecadores, ni de los homosexuales, etc.
Un simple raciocinio nos dice que no hay Dios -si existe- de solo unos cuantos. No puede haberlo, pues repugnaría a la razón. Sería un contrasentido. Aunque esos cuantos fuesen muchos, o muchísimos, y llenasen plazas, calles y ciudades enteras. Incluso, si fuesen casi todos los hombres. Es de puro razonamiento lógico.
Si por Dios se entiende el creador, lo es de todos. No sería concebible que lo fuera solo de algunos, sería absurdo. Un Dios de absurdidades no podría ser Dios. Un Dios creador lo es de todos o de nadie. Si lo es de nadie, lógicamente no es Dios. No existiría.
Y si lo es de todos –se conciba como se quiera su creación- todos tienen su causa en él, todos llevan su marca. No unos sí y otros no. Y todos, por lógica, deben poder saber y saber de él. Por su propia naturaleza de creados de él. Todos, por primario que sea, deben sentir, de alguna forma, su aliento. Notar en si mismos el principio de su creación. Tener, implícita, noticia o eco de él y notar su empuje creativo.
Y si Dios creador es lo que llamamos el bien, todo creado debe percibir tendencia a la bondad. Y tener abierta, sin necesidad de mediaciones, inclinación o perpetuación al bien, lo que algunos pueden llamar salvación. Sin distinción de razas, culturas, niveles sociales (pobreza o riqueza), ni capacidad o madurez física o intelectual, ni tendencia sexual, ni grado de estudios o conocimientos explícitos.
Tampoco –parece de razón- ha de ser imprescindible adherirse, hacer un acto de fe, a favor de una tradición, una doctrina, de un libro mitificado, de un relato histórico o unos ritos concretos. La huella de la creación está en los creados. En su misma naturaleza, originariamente, aunque su conocimiento pueda concretarse, perfilarse, pasar del instinto o de la intuición connaturales a una explicitación más elaborada.
En otro caso, estaríamos ante un Dios para unos cuántos. Un contrasentido. Y no entremos ahora en quién ha creado Dios, si se autocreado, o si puede darse, al final, El Increado. Dios, en todo caso, está fuera de nuestra razón humana.
4. ¿Cómo cree que debería comportarse la Iglesia?
Es muy pretencioso opinar sobre esto. Pero pienso que debiera estar más alejada de todos los poderes oficiales y fácticos –políticos, económicos, sociales, etc.- , con una imagen más humilde y menos ostentosa y autoritaria, y mucho más atenta a las preocupaciones concretas de las personas que a su montaje doctrinal, no siempre creíble. Y receptiva a los cambios de todo orden y al progreso. 
5. ¿Qué haría para neutralizar el terrorismo?
Otro tema muy arriesgado y comprometido. Hay que analizar las causas en cada caso. Me resulta difícil pensar que siempre es gratuito. Otra cosa es que no sepamos o logremos acertar ver sus motivaciones o que las consideremos incompatibles e inadmisibles en nuestra cultura y contrarias a nuestros intereses. Sin un diagnóstico a fondo y sin prejuicios, nos limitaremos a combatir sus condenables métodos violentos pero no a intentar erradicar sus verdaderas causas profundas, posiblemente malévolas, que generalmente nos da miedo reconocer. 
6. ¿Está de acuerdo con la política de inmigración del Gobierno socialista?
De entrada, el hecho de la inmigración me da una profunda vergüenza humana. A partir de aquí, no puedo encontrar buena ninguna política, sea de derechas o de izquierdas, que no vaya a solucionar sus verdaderas causas humanas. Con los seres humanos no se juega.
  1. ¿Cómo valoraría la gestión del tripartito catalán? Los dos Tripartitos fueron intentos de apartar la derecha burguesa catalana del poder, tras mandar ésta durante muchos lustros. La idea de este cambio estaba bien, pero se hizo con trampa y con pactos contranatura. Unir socialismo con nacionalismo siempre será explosivo, o por lo menos muy difícil, como intentar mesclar el agua con el aceite. Y salió mal, un fracaso. La buena voluntad no es suficiente en política, y si a la incompetencia se añade un espíritu de exclusión, ya se cae en la mezquindad. Lo más positivo ha sido demostrar que un inmigrante andaluz podía llegar a la presidencia de la Generalitat. Montilla, en este sentido, se merece el reconocimiento de todos, ha evidenciado que nuestra sociedad catalana es más permeable y abierta de lo que parecía.
8. ¿Las campañas a favor del catalán que está haciendo el Govern son efectivas? ¿Cuál cree que será el futuro de este idioma?
Ahora más gente conoce y es capaz de hablar y escribir catalán que antes. La escuela y de manera muy importante TV3 han sido decisivos. Esto es evidente y hay que alegrarse. Una lengua es algo más que un instrumento neutro para comunicarse, es expresión de una manera de sentir y de pensar; de una forma de ser. No es el alma de un pueblo, pero es su forma de verbalizase.
Si se refiere a la llamada inmersión lingüística en catalán, universal y obligatoria, eso ya es más discutible. Los que entendemos que las personas están por encima de los pueblos –entes más abstractos- defendemos la libertad personal sobre todas las imposiciones, por bien intencionadas que estas sean. Además, toda imposición genera rechazo. Entronizar las colectividades por encima de las personas es caer en los autoritarismos de nefasto recuerdo.
En nuestro caso de sociedad bilingüe, en la práctica no se puede perder ni el catalán ni el castellano. Por el principio de la libertad de las personas y por sentido práctico. El futuro del idioma catalán está garantizado a medio plazo, a largo plazo puede ocurrirle como a tantos idiomas europeos que el tiempo, la demografía y la comunicación de masas se llevaron. La historia no se detiene.
El catalán no debe, ni puede –insisto-, perderse en Cataluña. Tampoco el castellano. La desaparición, o disminución en el conocimiento, el uso o la calidad de uno de esos idiomas, sería nefasto para los ciudadanos y para la sociedad catalana.
Para los ciudadanos, porque les restaría posibilidades actuales y futuras; afectaría a sus derechos personales. Para la sociedad catalana, porque repercutiría negativamente en su convivencia y le restaría personalidad. Es una sociedad básica e históricamente bilingüe, pero con una acusada personalidad propia.
Los problemas, en esta cuestión, no están tanto en la calle como en la política y en los medios; principalmente en los políticos, que han encontrado en este tema harto sensible un arma emocional e ideológica de movilización social y de confrontación política. Usar la lengua como arma política, lo haga quien lo haga, es bastante miserable.
El ciudadano de Catalunya, cualquiera que sea su origen, sabe que no dominar razonablemente la lengua catalana, le hace sentirse un tanto extraño en su tierra y con menos oportunidades de relación y promoción. Como le ocurre al que no domina el castellano. Cada vez se exige más saber el catalán en el mundo laboral, principalmente en el funcionarial. Pero quien no se desenvolviera con soltura en castellano encontraría y encontrará aún mayores dificultades, en este mundo globalizado,
Esto en el terreno práctico. La, para algunos, denostada "inmersión lingüística" ha cumplido un papel relevante y beneficioso en el conocimiento del catalán, sobretodo para los procedentes de fuera y principalmente sus hijos, como también para los sólo castellanohablantes.
Los fallos del sistema han venido de la forma a menudo excluyente de su aplicación. Es decir, cuando en la práctica, el catalán ha sido considerado rigurosamente "preferente" y el castellano casi como de segunda y sin la atención debida a las personas.
Estos errores se pagan, especialmente cuando, de hecho, el contexto social es bilingüe y se desarrolla con bastante normalidad. Y las reacciones, desde dentro y desde fuera, a esos errores, suelen ser problemáticas y, si alguien aprovecha el conflicto, sectaria o partidistamente, se dramatizan, al menos en los foros públicos de la verborrea política i mediática.
Que el catalán, como lengua más propia en Catalunya, histórica y socialmente, lleva en sí misma un plus de legitimidad por cuanto representa más idóneamente una forma de ser y sentir, y de expresar una personalidad –que es la función de un idioma-, es decir, es más fiel expresión de su alma personal y colectiva, merece una protección especial, en un contexto de globalización despersonalizadora y tras décadas de duras dificultades, es lógico y no puede negarse. Lo malo seria hacerlo en detrimento de los derechos de los no catalanohablantes, que también son ciudadanos de Catalunya y cada vez más numerosos.
De aquí, el sentido del necesario equilibrio a la hora de afrontar en el día a día esta cuestión, que no es tanto jurídica ni política, como de buena voluntad y sentido común. Vehiculares o no (el nombre es lo de menos), las dos lenguas deben ser correctamente conocidas El principio de que el conocimiento de las dos lenguas es integrador, en un país realmente bilingüe, parece el más válido y un enriquecimiento personal de la ciudadanía, y colectivamente cohesionador. Y no ha de suponer atentar contra ninguna esencia patria, como sí podría serlo imponer, contra la voluntad de las personas, un idioma también de uso corriente –por tanto, también propio – aunque histórica y socialmente no tan propio.
Los pueblos tienen alma y un idioma idóneo para expresarla, pero no siempre un único idioma. La esencia de los pueblos es su alma, no el instrumento para expresarla. Aquella es más rica e íntima.
9. ¿Volverá a ganar las próximas elecciones el PSOE?
Zapatero lo ha quemado. Ha sido el peor presidente de la democracia. Inexperto e iluso. Un ex ministro, recientemente, me lo defina políticamente como “un insensato”. Ha alarmado a la ciudadanía que se refugiará en partidos más conservadores, como suele ocurrir en tiempos de pánico, como el creado por la actual profunda crisis económica, que Zapatero no supo prever y se empeñó en negar cuando ya nos empezaba a ahogar. Creyó, posiblemente al principio de buena fe y para intentar soslayarla, que negándola aplazaría sus efectos y que estos los podría aliviar con medidas sociales transitorias y de maquillaje que electoralmente le sería rentables. La profundidad y la duración de la crisis desbordaron sus previsiones miopes, y cuando se vio obligado a rectificar lo hizo mal y fuera de tiempo. La catástrofe se le echó encima. Ya no tenía crédico ni entre los suyos. El Partido Popular, sin muchos meritos, ha estado esperando ver pasar el cadáver político de Zapatero por delante de su casa. Pero el PP, ni nadie, tiene la barita mágica para salir pronto de la crisis, no se engañe la gente.
  1. ¿Qué le parecen los intentos de lograr una Constitución europea que provoca bastantes recelos? Muy meritorios. Sin una Europa política y económica institucionalizada, la moneda única carece de apoyo sólido. Pero pretender crear una Europa virtual, sin tener en cuenta la pluralidad que la caracteriza, es una quimera. De aquí los recelos y temores, que han llevado al fracaso aquellos intentos. La gravedad de la crisis económica será sin duda un acicate para afrontar con más impulso y realismo una mayor unidad europea –como confederación o federación- como única medida de supervivencia y autodefensa ante una ofensiva global de competencia y especulación salvaje. Sobran egoismos locales y faltan líderes de larga visión también global.
(*) Cuestionario actualizado después del fallecimiento del Dr. Daniel. E. Jones