Comentarios y Análisis de Política

viernes, 19 de febrero de 2016

Media Catalunya contra la otra mitad

Ocurren, como mínimo, cuatro hechos preocupantes en Catalunya. Y esto va más allá de cualquier tendencia o color político normales. Escapan a la normalidad democrática.

A raíz de la radicalización nacionalista –que ha pasado del nacionalismo al secesionismo-, la sociedad catalana se ha dividido casi por la mitad: los partidarios de romper con el resto del Estado y los que prefieren continuar en él, si bien con una forma de relación diferente ya que la actual resulta conflictiva.

Además de esta preocupante división de casi por la mitad –si bien los números dan cierta ventaja de votantes a la opción de buscar una mejor relación-, resulta que una de ellas –precisamente la menos votada- quiere imponerse a la otra mitad. Con lo cual se rompe la buena convivencia e incluso se vulneran las reglas democráticas al uso. No tiene ninguna lógica que la minoría –por muy amplia que sea- forcejee para prevalecer sobre la mayoría. Ni siquiera que hubiese un empate al 50 por ciento, pues una decisión tan trascendente para la totalidad, por sentido común requeriría un porcentaje diferencial mucho más alto –pongamos un 70 u 80 por ciento- y con una participación en las urnas de más de la mitad. Sin estas premisas, no solo se fomenta el choque social interno, sino que es recurrir a los sistemas totalitarios.

Si, además, resulta que una de las mitades –la menor- se hace con los instrumentos del poder de todo tipo –claramente el institucional (ejecutivo y parlamentario) aparte del mediático público, y los utiliza ilegítimamente para atraerse y someter a la otra, nos encontramos ante un claro abuso de poder. Con lo cual se han dejado de lado las normas elementales de la convivencia democrática, para intentar instalar un sistema autoritario, aparte del signo ideológico –de derechas o de izquierdas- que finalmente acabe imperando.

Pero si, encima, se utiliza el engaño y a la hora de convocar e interpretar la voz de las urnas, simulando que era un plebiscito lo que eran unas elecciones autonómicas, se estará fuera de toda legalidad. Y si se proclama intencionadamente, como se hizo al principio, que havia ganado la opción rupturista (que obtuvo más representantes para la formación de gobierno, pero menos votos para una pretendida secesión del Estado –la que no era el objeto de la convocatoria) se habrá entrado en la espiral de la deslegitimación de las propias instituciones catalanas.

Y no vale acudir a la mobilicación de la calle, agitando sentimientos y confundiendo razonamientos para que prevalezca el grito por encima de la legalidad, y así conseguir lo que en el fondo pueden ser aspiraciones legitimas de una gran parte de la sociedad, pero que se deslegitiman por este tipo de procedimientos y al considerarse superiores a los deseos de la otra mitad de la sociedad catalana.

Son, estas, inquietudes y razonamientos a tener en cuenta en este momento de exaltación de sentimientos e intereses, y de mentes poco frías.








domingo, 14 de febrero de 2016

"Wifredo Espina, el columnista catalán que leían los ministros de Franco"



LA VANGUARDIA

La Vanguardia

Wifredo Espina, el columnista catalán que leían los ministros de Franco


14/02/2016 10:12 

Emtrevista

Miquel Vera

Barcelona, 14 feb (EFE).- El periodista Wifredo Espina, un columnista influyente de la España tardofranquista, exhibe en su último libro una selección de anécdotas que permiten al lector sumergirse en la historia reciente de España de la mano de personajes como Adolfo Suárez, Felipe González o Jordi Pujol.
Con un tono autobiográfico, en "Quan volien silenciarme" (Pagès Editors, 2015) se relata con intensidad la labor de Espina en "El Correo Catalán", rotativo en el que firmaba una famosa columna que le valió algún disgusto: "Una vez Fraga me llamó y me echó una gran bronca por mi artículo sobre la cantante Salomé; se ve que generó tensiones en el consejo de ministros de Franco" explica a Efe el periodista .
"Una vez me llamaron a casa y me recordaron que tenía 'mujer e hijos', en otra ocasión miembros de Cristo Rey y de la Falange me amenazaron diciéndome que me cortarían las piernas y que mi vida corría peligro", relata Espina, quien no obstante subraya que "nunca se planteó tirar la toalla" ante las amenazas de las que era blanco por explicar "lo que otros callaban" en su columna.
"La transición fue el mejor momento del periodismo español", clama Espina. "Los propietarios de los periódicos andaban despistados y el régimen empezaba a hacer marcha atrás en la censura", recuerda el que fue uno de los columnistas de referencia en esa 'época dorada': "Los periodistas aprovechamos el momento y estábamos unidos por nuestro afán de luchar por la libertad; hoy estamos mucho más politizados y divididos".
Durante ésta época Espina trató a políticos de la talla del expresidente Adolfo Suárez, de quien destaca que "fue un gran político pero un mal gobernante, y gracias a que gobernó poco tiempo el mito de Suárez se hizo grande", señala. "Una vez me explicó que a veces soñaba que venía la 'Acoraza Brunete' a detenerle", rememora.
El periodista, que define su libro como una "confesión total sin apriorismos ni justificaciones", conoció a un joven Felipe González en su faceta de agitador: "Lo recuerdo gritando, puño en alto, por la república y la independencia del Sahara en un congreso semiclandestino del PSOE cuando el partido todavía era ilegal".
Wifredo Espina también trató intensamente a Jordi Pujol, tanto en la época en que éste se hizo con "El Correo" como cuando alcanzó la presidencia de la Generalitat: "Pujol era un mal empresario, pero un buen político". No obstante, Espina afirma que se sorprendió cuando salió a la luz el escándalo que le salpica a él y a toda su familia.
"Pujol llevaba una vida muy austera, nunca pensé que tuviera afán por enriquecerse; otra cosa es su familia, su mujer y sobre todo sus hijos", afirma Espina, que asimismo recuerda que "tanto Josep Pla como Josep Tarradellas me dijeron en alguna ocasión que no me fiara de Pujol".
Sobre el momento político actual Espina muestra un profundo desasosiego; "hoy más que política se hace 'politiquería'", "faltan grandes hombres de estado como los que hubo en la Transición, hombres que hicieron una Constitución muy bien hecha en un momento muy difícil, pero que es ciertamente vaga".
Respecto al proceso independentista que vive Cataluña los últimos años, Espina señala que "el nacionalismo catalán se ha ido radicalizando debido a la enorme torpeza de los poderes de Madrid". Asimismo, el autor advierte de que "todos los nacionalismos se radicalizan cuando se sienten atacados", algo que a su juicio está pasando en Cataluña y en España.
Al final todo esto acabará como un 'coitus interruptus'", vaticina el Espina.
(EFE)





martes, 2 de febrero de 2016

Entrevista a Wifredo Espina, periodista

"El periodismo militante es propaganda"

Entrevista a Wifredo Espina, periodista

Publicado: 19:07 - 01/02/2016
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Comenzó en el periodismo de comarcas. Director de Ausona y Crítica. Su columna Cada cual con su opinión en El Correo Catalán, del que fue subdirector, hizo temblar a Manuel Fraga. Fue elegido ‘Periodista español del año’. Publica ‘Quan volien silenciar-me. Memòries d’un periodista inconformista’ (Pagès editors).

- Señor Espina, ¿quiénes quisieron silenciarle?
- Sin dramatizar. Pero demasiados y demasiadas veces. Ya es historia...

- ¿Cuándo quisieron silenciarle?
- Cuando, a los veinte años, me expulsaron políticamente del diario Ausona, de Vic. Cuando, años después, me amenazaban grupos de Fuerza Nueva, de Falange, de seguidores de Cristo Rey, por mis artículos en El Correo Catalán. Cuando el ministro Fraga me dijo en su despacho: «Yo puedo silenciarle», y a la empresa: «hay que desespinizar El Correo». Cuando llamaban a mis familiares: «le cortaremos las piernas», «su vida corre peligro». Cuando un accionista del diario, que disentía de mis opiniones, me advirtió: «recuerde que usted tiene esposa e hijos». En fin...

- Quien tenía una obsesión con usted fue el por entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga.
- Sí. Un modesto artículo mío sobre la canción Se’n va anar de la cantautora Salomé hizo saltar las alarmas. Para ganar audiencia, Salomé decidió cantarla en castellano y no me gustó, perdía su frescura. Lo critiqué y se interpretó como un desprecio al castellano y a España. Fraga llamó a mi director Andreu Roselló: «¡mañana a las diez, Espina en mi despacho, en Madrid!».

- No se andaban con chiquitas.
- Fui, y tuve bronca: «yo le puedo silenciar. Con la unidad de España no se juega» -Desde la periferia vemos las cosas distintas- comenté. «Yo también soy de la periferia, de Vilalba». Regresé a Barcelona y estuve un tiempo sin publicar nada. Pese a todo, corrió un malévolo rumor de que había un «pacto secreto» entre Fraga y yo para dar cierta impresión de libertad de prensa. ¡Qué le vamos a hacer!

- ¿Qué presiones percibe como más perversas, las de la política o las de la economía?
-Las de la política son más descaradas; las económicas más sutiles. Todas son perversas. La independencia es la esencia del periodismo. ¡Aun no es posible! Hay que encontrar nuevas fórmulas, como se ensayan en algunos países, sin demasiado éxito. Cada periodista debe ganarse a pulso su grado de independencia, con su rigor, seriedad, distanciamiento de todos los poderes, incluso de sus propios intereses personales. Nada fácil, claro.

- Usted siempre ha hecho bandera de su independencia periodística. Sin embargo se le ha ‘acusado’ de ser el «preceptor político de Jordi Pujol».
- Siempre he intentado ser independiente, y creo que bastante he conseguido. Lo de ‘preceptor político de Jordi Pujol’ lo dice en su libro Jaque al Virrey, Juan Josep Novoa, el último administrador único del final de El Correo. Un libro interesante, por su mucha información, pero poco riguroso. Creo que lo dice de buena fe, porque mis contactos con Pujol venían de antes de su fatal entrada en la empresa de El Correo, y antes de ser President. Hablábamos de muchas cosas, como hacía con otros personajes que han sido muy importantes, incluso ministros... Esto no es ser «preceptor» de nadie.

- De hecho ocupó un cargo de responsabilidad institucional en gobiernos de Pujol.
- Fundador y director unos diez años del Centre d’Investigació de la Comunicació, con rango de director general, que en realidad no utilicé casi nunca. Mi labor era de estudio y coordinación de estudios entre expertos y universitarios de aquí y de otros países. Me pusieron en una lista de apoyo a la candidatura de Jordi Pujol e hice retirar mi nombre. Allí «no es feia barretina», era mi lema.

- Usted siempre ha tenido fama de rebelde. ¿Cree que ha sido así?
- No sé si rebelde, inconformista sí, en casi todo. Lo llevo en la sangre, pese a mi apariencia de sereno. Me ha acarreado disgustos. Josep M. Huertas escribió, ya en 1968, que «Espina quiere pasar desapercibido físicamente, pero no intelectualmente». Seguramente lo vio mejor que yo mismo. Y Josep Carles Clemente me calificó de Enfant terrible de la prensa española. Exagerado.

- Y un poco de mal genio. Una vez lanzó un bote de medicamentos contra una enfermera…
- Un poco de mal genio, quizás sí. Pero me entiendo muy bien con las personas. Lo del bote de medicamentos ocurrió porque me enteré que la enfermera lo había cogido de un hospital público y yo estaba internado, por un grave accidente, en uno de privado. Me irritó y le tiré el bote a la cabeza.

- Este carácter indómito, ¿le ha impedido llegar a director de algún gran periódico de Catalunya?
- No lo sé, pero es posible. En un periódico debes estar entre la redacción y la empresa, entre los intereses de los lectores y los económicos, que no siempre coinciden. Además, la gestión no me satisface. Prefiero pensar y escribir sin ningún tipo de cortapisa. Lo dicho: de forma independiente, incluso de uno mismo.

- ¿Qué le parece el periodismo militante, en un sentido u otro, de que hacen gala actualmente muchos periódicos?
- ¡Horroroso! El periodista sólo puede ser militante de la libertad. Del servicio al lector, con la máxima objetividad y honradez posibles.

- El periodismo, si no es independiente, ¿no es periodismo?
- Es propaganda, más o menos indecentemente camuflada, en prensa u otros medios de comunicación. Abunda demasiado.

- Explíqueme alguna interioridad que no se haya atrevido a recoger en sus libros.
- He escrito este libro de memorias -a los 85 años y con 70 de periodismo- como una confesión. No trato de justificar nada, ni de ajustar cuentas con nadie, simplemente de explicar vivencias como las he vivido. ¿Quiere más? ¡Si en este libro desnudo mi alma!

- ¿Quiénes son los mejores periodistas que ha conocido? Los que le hayan dejado alguna huella profesional.
- Conocidos personalmente, Josep Pla, Gaziel, Augusto Assia, Manuel Brunet, Tristán la Rosa, Joan Fuster, Néstor Luján, Vázquez Montalbán, Baltasar Porcel, Santos Juliá, González-Ruano, Emilio Romero, Juan Luis Cebrián, Huertas Clavería. Como director, Andreu Roselló, de El Correo Catalán.

- Atrévase a dar un consejo a los profesionales que hacen periodismo en Twitter.
- De consejos, nada. Yo inicié el comentario de diez a quince líneas, que fue seguido por otros. En Twitter se pueden decir muchas cosas en 140 caracteres. Ir a la idea, clavarla.

- ¿Ha muerto el periodismo y ha nacido otra cosa?
-Hay cambios, no siempre para bien, de forma y de géneros. Han aparecido con fuerza el tertuliano, el presentador, el showman, el animador... No todo es periodismo riguroso, sereno y pensado, más bien improvisado e impactante, mediático. Las redes son un gran fenómeno, ya se intentan controlar. El columnista, el reportero y el entrevistador, en cualquier medio, son insustituibles.

- Un último análisis de actualidad. ¿Cree que Catalunya llegará a ser un Estado independiente?
- Me habría gustado encontrarme, al nacer, en una Catalunya independiente y bien estructurada, pero inventarse ahora un procés para llegar a ello me parece disparatado. No creo que se llegue nunca a una plena independencia, no parece posible y los costes para todos podrían ser enormes. Y no hay mayoría social aquí para ello, hay división por la mitad: la heroicidad de un Artur Mas iluminado, que un día se cayó del caballo, como San Pablo, pero él equivocó el camino. Una parte de Catalunya no se puede imponer a la otra parte. Otra cosa es mejorar su situación política y económica. Es como lo veo ahora.

sábado, 23 de enero de 2016

MEMÒRIES de Wifredo Espina::"Quan volien silenciar-me" (PagesEditors)

Memòries on s'explica l’ampla projecció social de la seva trajectòria de periodista disconforme amb quasi tot: des de l’ofec d’una dictadura inacabable, fins a una democràcia imperfecta, inacabada o traïda. L’autor hi narra l’expulsió política del diari Ausona, el “hay que desespinizar El Correo Catalán”, les amenaces de mort, la censura d’articles, els fallits intents de compra. També hi explica qu?estions personals i l’esperança que la seva tasca hagi aportat un gra de sorra significatiu a un periodisme més lliure i independent. També hi apareixen personalitats il·lustres amb les quals l’autor s’ha creuat al llarg de la seva vida professional. Tot plegat, ofereix una crònica del nostre passat i del nostre present, escrita amb una prosa directa i sincera, on la ironia i el sarcasme es barregen amb escenes d’impacte i consideracions transcendentals.

Wifredo Espina fou considerat l’enfant terrible de la premsa. Va dirigir el diari Ausona i els setmanaris Crítica i Revista. Va ser sotsdirector d’El Correo Catalán, on va publicar “Cada cual con su opinión”, una famosa i influent columna que li va suposar greus problemes. Ha col·laborat com a articulista aLa Vanguardia, l’ABC, la Hoja del Lunes, Ya, E-Notícies, Diario Crítico, El9Nou, i Destino. Va impulsar la introducció del Secret professional i la Clàusula de Consciència a la Constitució del 1978. El 1987, va fundar el Centre d’Investigació de la Comunicació. També ha creat les Converses a la Pedrera i els Premis a la recerca en Comunicació. Col·labora habitualment en una desena de periòdics catalans i espanyols.

viernes, 15 de enero de 2016

LA POLÍTICA SURT DE MARE


La política ha sortit de mare. Això ja no és política, és una altra cosa. És quelcom desagradable, fatigós,  asfixiant, nauseabund. I demano perdó a alguns polítics que s’esforcen a no seguir la tropa.
Ho veiem cada dia, sobretot en els últims anys, mesos i setmanes, i fastigueja a tothom. Crea una sensació d’ofec, de crispació i de ganes de refugiar-se en el silenci i deixar que sigui el que Déu vulgui. O no vulgui.
Últimament la política salta tots els marges. O ho intenta cada dia més. El del sentit comú, el de l’ètica personal i col·lectiva, el del sentit de servei, per escampar-se pels espais de l’estupidesa, del robatori individual o ciutadà; per fer-la servir per al lucre personal.
La competència d’ideals es converteix en una lluita d’interessos. A tots els nivells. Per això ja no es respecten les normes de convivència més elementals, les grans lleis democràticament aprovades o netament consensuades –dins la relativitat de les coses humanes– ni les regles del joc establertes per a canviar-les.
Cadascú –grups, partits o governs– s’inventa i estableix en exclusiva propietat les pròpies democràcies –que emmascaren amb ambicions o interessos particulars, de classe o de grup–, que volen imposar als altres, els grans als petits i els petits als grans. I tot s’argumenta i se santifica amb paraules vanes, amb raonaments falsos i amb dogmes demagògics. Es tracta que les emocions efímeres suplantin els arguments seriosos i pensats.
Per a això, què pot ser millor que ocupar el carrer? Que proclamar que el carrer, ni tan sols instruït ni organitzat, és qui ha de manar Que les escoles i les universitats han d’estar al servei d’això tan eteri anomenat “el carrer”, però que crida i mou masses cegues, o encegades, que els experts en la manipulació massiva de les assemblees saben portar fàcilment al “seu hort”, fent creure que és “l’hort de tots”.
I mentre carrers i places criden –fins i tot formant ja part de governs i parlaments–, els preparats, els  intel·lectuals que no estan a sou per a col·laborar en la inspiració o la cuita d’aquests grans pastissos de merda populatxera, callen de por, com morts, i dimiteixen de llurs obligacions d’instruir i il·luminar la societat.
I hi ha mitjans de comunicació que es freguen les mans tot munyint els grans beneficis d’aquesta mena de política presentada en un nefast espectacle, amb l’excusa que això és el que demana la gent. I això és el que li serveixen a dosis intoxicants.
Quan la política surt de mare –al toc de corneta de líders ambiciosos, equivocats o idiotitzats en llurs ideologies populistes o totalitàries, proclamades des de palatalles i radios–, els rius nets de la convivència civilitzada es converteixen en cloaques.

La política se sale de cauce


La política se está saliendo de cauce. Esto ya no es política, es otra cosa.
Es algo desagradable, fatigoso, asfixiante, nauseabundo. Con perdón de algunos políticos que se esfuerzan en no seguir la tropa.

Lo vemos cada día, principalmente en los últimos años, meses ir semanas, y nos hastía a todos. Crea una sensación de ahogo, de crispación y de ganas
de refugiarse en el silencio. Y que sea lo que Dios quiera, o no quiera.

Últimamente, la política de salta todas las orillas. O lo intenta cada DIA más.
La del sentido común, de la ética personal y colectiva, la del sentido de servicio, para desparramarse por los espacios de la estupidez, del robo individual o ciudadano, para servirse de ella para el medro personal.

La competencia de ideales se torna en lucha de intereses. A todos los niveles. Para ello ya no se respetan las normas más elementales de la convivencia, las grandes leyes democráticamente aprobadas o limpiamente consensuadas –dentro de la relatividad de las cosas humanas-, ni las reglas de juego establecidas para cambiarlas.

Cada cual –grupos, partidos o gobiernos- se inventan y establecen, en exclusiva propiedad, sus propias ‘democracias’ – que enmascaran ambiciones o intereses particulares, de clase o grupales- y que se quieren imponer a los demás. Los grandes a los pequeños, y los pequeños a los grandes. Y todo se argumenta y santifica con palabras vanas; con falsos razonamientos y dogmas demagógicos. Se trata de que las  emociones efímereas suplanten los argumentos serios y pensados.

Para ello, ¿qué mejor qué tomar la calle? Que proclamar que la calle, ni siquiera instruida y organizada, es la que ha de mandar. Que las escuelas y universidades han de estar al servicio de eso tan etéreo que se llama “la calle”, pero que grita, mueve masas ciegas o encegadas, que los expertos en la manipulación masiva de las asambleas saben llevar fácilmente a ‘su huerto’ haciendo creer que es el huerto de todos.

Y mientras calles y plazas gritan –incluso ya metidas en gobiernos y parlamentos- los preparados, los intelectuales que no están a sueldo para colaborar en la inspiración u hornamentación de estos grandes pasteles de mierda populachera, callan de miedo como unos muertos, dimitiendo de sus obligaciones de instruir e iluminar a la sociedad.

Y hay medios de comunicación que se frotan las manos ordeñando los grandes beneficios de este tipo de política presentada en nefasto espectáculo, con la excusa de que esto es lo que pide la gente y esto es lo que le sirven a dosis intoxicantes.

Cuando la política se sale de su cauce –a toque de corneta de líderes ambiciosos, errados o idiotizados en sus ideologías populistas o totalitarias, proclamadas por las pantallas, los ríos de la convivencia civilizada se convierten en cloacas.




martes, 15 de diciembre de 2015

El debate fue una riña

 
Un debate en buena lógica no debiera ganarse- por la brillantez de la oratoria de los contendientes. Ni por el reflejo en sus respuestas. Ni por el tono de mayor o menor seguridad en su exposición. Ni siquiera por el talante ante las cámaras, el atractivo físico o la apariencia de madurez. Todo esto cuenta, pero es bluff.

Hay que ir a lo sustantivo. A lo que se dice, se afirma o propone. A  su lógica y veracidad.  A la claridad de la exposición. A la convicción de quien lo expone y al crédito que este nos merece. No hay que valorar el espectáculo sino el guión que este nos transmite. Ni al que golpea más o más fuerte, como en un pugilato de boxeo.

No es esto un debate o un cara a cara. Ni las fanfarronadas, baladronadas o la faramalla con que se viste, tantas veces, la puesta en escena. ‘Ha ganado este o el otro’. Cuidado con las corazonadas. Que la política y el arte de gobernar son cosas serias y ni diversión para la gente. Los debates, cuando se apagan los focos, son algo más que carne de tertulia divertida o de fulgurantes encuestas por teléfono. Son algo para pensar, analizar y contrastar entre la realidad y la ficción. O debieran serlo.

Además, un debate o un cara a cara –por más que uno se la parta públicamente al otro- solo es una faceta de un todo: del balance general de unos años de gobierno, bueno o malo, positivo o negativo en sus resultados, limpio o corrupto, con visos de capacidad para continuar o de agotamiento. Y también, de las posibilidades verosímiles para ser substituido por uno mejor. Ni lo viejo es bueno por viejo, ni lo nuevo lo es por nuevo. En esto de la vieja o la nueva política hay mucho de snop y de tontería. Lo de ayer, ni nuevo ni viejo, fué un error mediàtico y político. fué mal planteado y pésimamente dirigido.

Pedro Sanchez puede y suele lucir juventud y sonrisa más que ideas creibles. Mariano Rajoy ya exhibe bastentes canas y arrugas de experiencia más que habilidad y determinación. Es lo que ha ocurrido en este mal planteado cara a cara que no tuvo un verdadero moderador. Se hablo casi de todo pero de nada a fondo. No fué un debate, que es lo que se necesitaba.

Pedro Sanchez, desde el minuto zero se le echó al cuello a Mariano Rajoy, que no logró sacárselo de encima. Rajoy intentó explicar, razonar, aportar datos y explicar propuestas; Sánchez interrumpió sin parar, acusó a gusto, viniera mucho o poco a cuento, y difamó lo que pudo. Y el moderador no moderó nada.
Con lo cual el joven pugil, más preparado para el boxeo que para gobernar, golpeó una y otra vez  ‘al del plasma’ que ya debe estar pensando en la jubilación.

En el cuadrilátero se impuso, suciamente, el más joven y fuerte, mientras el reposado registrador de la propiedad, no atinaba ni podia (¿no le aconsejaban), devolver los golpes. Y como el árbitro estaba desaparecido, en su papel de triste figura, ayer no hubo debate, sino una riña de barra de bar.