Memòries on s'explica l’ampla projecció social de la seva trajectòria de
periodista disconforme amb quasi tot: des de l’ofec d’una dictadura
inacabable, fins a una democràcia imperfecta, inacabada o traïda.
L’autor hi narra l’expulsió política del diari Ausona, el “hay que
desespinizar El Correo Catalán”, les amenaces de mort, la censura
d’articles, els fallits intents de compra. També hi explica qu?estions
personals i l’esperança que la seva tasca hagi aportat un gra de sorra
significatiu a un periodisme més lliure i independent. També hi
apareixen personalitats il·lustres amb les quals l’autor s’ha creuat al
llarg de la seva vida professional. Tot plegat, ofereix una crònica del
nostre passat i del nostre present, escrita amb una prosa directa i
sincera, on la ironia i el sarcasme es barregen amb escenes d’impacte i
consideracions transcendentals.
Wifredo Espina fou
considerat l’enfant terrible de la premsa. Va dirigir el diari Ausona i
els setmanaris Crítica i Revista. Va ser sotsdirector d’El Correo
Catalán, on va publicar “Cada cual con su opinión”, una famosa i
influent columna que li va suposar greus problemes. Ha col·laborat com a
articulista aLa Vanguardia, l’ABC, la Hoja del Lunes, Ya, E-Notícies,
Diario Crítico, El9Nou, i Destino. Va impulsar la introducció del Secret
professional i la Clàusula de Consciència a la Constitució del 1978. El
1987, va fundar el Centre d’Investigació de la Comunicació. També ha
creat les Converses a la Pedrera i els Premis a la recerca en
Comunicació. Col·labora habitualment en una desena de periòdics catalans
i espanyols.
Comentarios y Análisis de Política
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sábado, 23 de enero de 2016
viernes, 15 de enero de 2016
LA POLÍTICA SURT DE MARE
La política ha sortit de mare. Això ja no és política, és
una altra cosa. És quelcom desagradable, fatigós, asfixiant, nauseabund.
I demano perdó a alguns polítics que s’esforcen a no seguir la tropa.
Ho veiem cada dia, sobretot en els últims anys, mesos i
setmanes, i fastigueja a tothom. Crea una sensació d’ofec, de crispació i de
ganes de refugiar-se en el silenci i deixar que sigui el que Déu vulgui. O no
vulgui.
Últimament la política salta tots els marges. O ho intenta
cada dia més. El del sentit comú, el de l’ètica personal i col·lectiva, el del
sentit de servei, per escampar-se pels espais de l’estupidesa, del robatori
individual o ciutadà; per fer-la servir per al lucre personal.
La competència d’ideals es converteix en una lluita
d’interessos. A tots els nivells. Per això
ja no es respecten les normes de convivència més elementals, les grans lleis
democràticament aprovades o netament consensuades –dins la relativitat de les
coses humanes– ni les regles del joc establertes per a canviar-les.
Cadascú –grups, partits o governs– s’inventa i estableix en
exclusiva propietat les pròpies democràcies –que emmascaren amb ambicions o
interessos particulars, de classe o de grup–, que volen imposar als altres, els
grans als petits i els petits als grans. I tot s’argumenta i se santifica amb
paraules vanes, amb raonaments falsos i amb dogmes demagògics. Es tracta que
les emocions efímeres suplantin els arguments seriosos i pensats.
Per a això, què pot ser millor que ocupar el carrer? Que
proclamar que el carrer, ni tan sols instruït ni organitzat, és qui ha de manar
Que les escoles i les universitats han d’estar al servei d’això tan eteri
anomenat “el carrer”, però que crida i mou masses cegues, o encegades, que els
experts en la manipulació massiva de les assemblees saben portar fàcilment al
“seu hort”, fent creure que és “l’hort de tots”.
I mentre carrers i places criden –fins i tot formant ja part
de governs i parlaments–, els preparats, els intel·lectuals que no estan
a sou per a col·laborar en la inspiració o la cuita d’aquests grans pastissos
de merda populatxera, callen de por, com morts, i dimiteixen de llurs obligacions
d’instruir i il·luminar la societat.
I hi ha mitjans de comunicació que es freguen les mans tot
munyint els grans beneficis d’aquesta mena de política presentada en un nefast
espectacle, amb l’excusa que això és el que demana la gent. I això és el que li
serveixen a dosis intoxicants.
Quan la política surt de mare –al toc de corneta de líders
ambiciosos, equivocats o idiotitzats en llurs ideologies populistes o
totalitàries, proclamades des de palatalles i radios–, els rius nets de la
convivència civilitzada es converteixen en cloaques.
La política se sale de cauce
La política se está saliendo de
cauce. Esto ya no es política, es otra cosa.
Es algo desagradable, fatigoso,
asfixiante, nauseabundo. Con perdón de algunos políticos que se esfuerzan en no
seguir la tropa.
Lo vemos cada día, principalmente
en los últimos años, meses ir semanas, y nos hastía a todos. Crea una sensación
de ahogo, de crispación y de ganas
de refugiarse en el silencio. Y
que sea lo que Dios quiera, o no quiera.
Últimamente, la política de salta
todas las orillas. O lo intenta cada DIA más.
La del sentido común, de la ética
personal y colectiva, la del sentido de servicio, para desparramarse por los
espacios de la estupidez, del robo individual o ciudadano, para servirse de
ella para el medro personal.
La competencia de ideales se torna
en lucha de intereses. A todos los niveles. Para ello ya no se respetan las
normas más elementales de la convivencia, las grandes leyes democráticamente
aprobadas o limpiamente consensuadas –dentro de la relatividad de las cosas
humanas-, ni las reglas de juego establecidas para cambiarlas.
Cada cual –grupos, partidos o
gobiernos- se inventan y establecen, en exclusiva propiedad, sus propias
‘democracias’ – que enmascaran ambiciones o intereses particulares, de clase o
grupales- y que se quieren imponer a los demás. Los grandes a los pequeños, y
los pequeños a los grandes. Y todo se argumenta y santifica con palabras vanas;
con falsos razonamientos y dogmas demagógicos. Se trata de que las emociones efímereas suplanten los argumentos
serios y pensados.
Para ello, ¿qué mejor qué tomar la
calle? Que proclamar que la calle, ni siquiera instruida y organizada, es la
que ha de mandar. Que las escuelas y universidades han de estar al servicio de
eso tan etéreo que se llama “la calle”, pero que grita, mueve masas ciegas o
encegadas, que los expertos en la manipulación masiva de las asambleas saben
llevar fácilmente a ‘su huerto’ haciendo creer que es el huerto de todos.
Y mientras calles y plazas gritan
–incluso ya metidas en gobiernos y parlamentos- los preparados, los
intelectuales que no están a sueldo para colaborar en la inspiración u
hornamentación de estos grandes pasteles de mierda populachera, callan de miedo
como unos muertos, dimitiendo de sus obligaciones de instruir e iluminar a la
sociedad.
Y hay medios de comunicación que
se frotan las manos ordeñando los grandes beneficios de este tipo de política
presentada en nefasto espectáculo, con la excusa de que esto es lo que pide la
gente y esto es lo que le sirven a dosis intoxicantes.
Cuando la política se sale de su
cauce –a toque de corneta de líderes ambiciosos, errados o idiotizados en sus
ideologías populistas o totalitarias, proclamadas por las pantallas, los ríos de la
convivencia civilizada se convierten en cloacas.
martes, 15 de diciembre de 2015
El debate fue una riña
Un debate en buena lógica no debiera ganarse- por la
brillantez de la oratoria de los contendientes. Ni por el reflejo en sus respuestas.
Ni por el tono de mayor o menor seguridad en su exposición. Ni siquiera por el
talante ante las cámaras, el atractivo físico o la apariencia de madurez. Todo
esto cuenta, pero es bluff.
Hay que ir a lo sustantivo. A lo que se dice, se
afirma o propone. A su lógica y
veracidad. A la claridad de la
exposición. A la convicción de quien lo expone y al crédito que este nos
merece. No hay que valorar el espectáculo sino el guión que este nos transmite.
Ni al que golpea más o más fuerte, como en un pugilato de boxeo.
No es esto un debate o un cara a cara. Ni las fanfarronadas, baladronadas o la faramalla con que se viste, tantas veces, la puesta en escena. ‘Ha
ganado este o el otro’. Cuidado con las corazonadas. Que la política y el arte
de gobernar son cosas serias y ni diversión para la gente. Los debates, cuando
se apagan los focos, son algo más que carne de tertulia divertida o de
fulgurantes encuestas por teléfono. Son algo para pensar, analizar y contrastar
entre la realidad y la ficción. O debieran serlo.
Además, un debate o un cara
a cara –por más que uno se la parta públicamente al otro- solo es una faceta de
un todo: del balance general de unos años de gobierno, bueno o malo, positivo o
negativo en sus resultados, limpio o corrupto, con visos de capacidad para
continuar o de agotamiento. Y también, de las posibilidades verosímiles para
ser substituido por uno mejor. Ni lo viejo es bueno por viejo, ni lo nuevo lo
es por nuevo. En esto de la vieja o la nueva política hay mucho de snop y de tontería.
Lo de ayer, ni nuevo ni viejo, fué un error mediàtico y político. fué mal
planteado y pésimamente dirigido.
Pedro Sanchez puede y suele
lucir juventud y sonrisa más que ideas creibles. Mariano Rajoy ya exhibe
bastentes canas y arrugas de experiencia más que habilidad y determinación. Es
lo que ha ocurrido en este mal planteado cara a cara que no tuvo un verdadero
moderador. Se hablo casi de todo pero de nada a fondo. No fué un debate, que es
lo que se necesitaba.
Pedro Sanchez, desde el
minuto zero se le echó al cuello a Mariano Rajoy, que no logró sacárselo de
encima. Rajoy intentó explicar, razonar, aportar datos y explicar propuestas;
Sánchez interrumpió sin parar, acusó a gusto, viniera mucho o poco a cuento, y
difamó lo que pudo. Y el moderador no moderó nada.
Con lo cual el joven pugil,
más preparado para el boxeo que para gobernar, golpeó una y otra vez ‘al del plasma’ que ya debe estar pensando
en la jubilación.
En el cuadrilátero se
impuso, suciamente, el más joven y fuerte, mientras el reposado registrador de
la propiedad, no atinaba ni podia (¿no le aconsejaban), devolver los golpes. Y
como el árbitro estaba desaparecido, en su papel de triste figura, ayer no hubo
debate, sino una riña de barra de bar.
viernes, 30 de octubre de 2015
AMB DOS PRESIDENTS IMPUTATS...
Amb dos presidents imputats per la justícia, quina
carta de presentació té un país? Quina credibilitat té, de cara a fora i de
cara a dins? En això estem.
L’un, Jordi Pujol, imputat
per presumptes delictes econòmics i fiscals; l’altre, Artur Mas, per incomplir,
presumptament, la legalitat. El quadre de les irregularitats queda complet. Els
tribunals s’hauran d’afanyar a aclarir una situació tan insostenible, perquè, a
més de la necessitat de fer justícia i de netejar un ambient tan enrarit, les
coses poden complicar-se encara més.
Resulta que Pujol, a més de
tractar-se d’un expresident mitificat políticament per la reconstrucció
nacional que dugué a terme, també ha implicat en la seva mala acció
economico-fiscal el seu partit (CDC) i a no poques personalitats catalanes
tingudes per prohoms de la nostra societat. Per poc que hom sacsegi la manta
que tapa el catalanisme radicalitzat, el país fa olor de podrit.
D’altra banda, no és presentable ni
tranquil·litzador tenir un president en funcions –amb unes ganes infinites de
ser reelegit– imputat per desobediència a la llei i amb el compromís de desacatar-la una altra vegada,
i fins a on faci falta, per intentar el seu objectiu inconstitucional i que, ni
amb les seves astúcies, no ha aconseguit en les urnes el suport social
suficient.
Quins suports
internacionals pot aconseguir, més enllà de la legitimitat o il·legitimitat de
la seva causa,un país amb dos presidents imputats per la justícia? Quin futur
pot esperar-se per a una Catalunya amb dos presidents investigats, l’un per
gravíssimes malifetes econòmiques i l’altre per desacatament a les normes per
mitjà de les quals accedí a la presidència i que va prometre acatar i fer
acatar?
O la justícia fa net, sense
demora, per poder respirar un cert aire de normalitat, o caldrà que els
ciutadans tornin a les urnes per escollir uns governants, sense màcula ni
sectarismes, que mereixin gestionar els interessos de tots ells.
El diputat Joan Coscubiela,
líder de Catalunya sí que es pot,
acaba d’afirmar a TV3 que, amb la presentació de la Declaració de ruptura per
part de Junts pel SÍ i la CUP, s’avergonyeix de pertànyer al
Parlament. Amb dos presidents de la Generalitat imputats, pot ser que també hi
hagi ciutadans que s’avergonyeixin de pertànyer a la nació catalana.
Llàstima.
martes, 29 de septiembre de 2015
PARTITS PER LA MEITAT
L’alta, molt alta,
participació en les eleccions catalanes en legitima com mai el resultat:
Catalunya, partida per la meitat.
Com que no hi ha un vencedor clar, amb una majoria absoluta que
permeti seguir un full de ruta i governar amb un programa coherent, el que ha
quedat acreditat és la divisió d’una societat i la dificultat de fomar gover i
de governar.
Amb aquest resultat, cap a
on podem anar? Una societat dividida a parts iguals, què pot exigir a ningú?
Una part, pot imposar la seva tesi a l’altra? Com que el resultat de la divisió
està legitimat, què s’ha guanyat? En
canvi, en fer més patent i enfrontada aquesta divisió social i política,
col·lectivament s’hi ha perdut. Pocs i molt mal avinguts: millor dit: barallats.
Artur Mas no ha perdut. Però
tampoc no ha guanyat, perquè es presentava en una coalició heterogènia i amagat
en el quart lloc de la llista. No s’ha discutit ni votat la seva acció de
govern, com corresponia fer, sinó una cosa molt diferent i sobre la qual
gairebé no s’havia discutit entre els partits en condicions d’igualtat.
Eren unes eleccions autonòmiques que es
van voler convertir en un plebiscit o referèndum que, legalment, no eren. El
mateix president Mas les havia convocat com a autonòmiques, perquè així ho disposa la llei.
L’independentisme, tot junt, ha guanyat les eleccions, però ha perdut el seu
plebiscit.
A més, el seu partit, CDC,
junt amb el seu soci, ERC, han perdut escons, respecte als que ja tenien, en el
Parlament. Han anat enrere. I per a arribar a la majoria absoluta necessiten els de la CUP, que ha assegurat
reiteradament que no votarà Mas per president. L’Artur ho podria perdre tot...
Tampoc no ha guanyat Rajoy.
Tot i el gran augment de participació, que gairebé tothom esperava que donés la
victòria als no independentistes, el resultat li ha fallat. A l’Albiol, aquí,
li ha faltat talla?
Si el president Rajoy
confiava que els qui fins ara no votaven sortirien per donar-li la seva
papereta, s’ha equivocat. No han sortit com una tromba a donar-li suport, i a
més, avui hi ha més independistes que abans. En això hi ha perdut. Els seus
càlculs i la seva estratègia de Don
Tancredo, de fiar-ho tot a les lleis i no fer política, ens asseguren, a
tots, uns quants anys més d’enfrontaments.
Artur Mas es va ficar en un
carreró sense sortida, I amb ell, Catalunya. Ara Rajoy es troba també en un
altre carreró sense sortida, I amb ell, Espanya.
sábado, 12 de septiembre de 2015
Una rumba para la esfinge Rajoy
En
esta Diada de Catalunya, más de un
millón de catalanes le han bailado una rumba a la esfinge de La Moncloa.
Más
de un millón de ciudadanos en las calles de Barcelona, cuatro años seguidos,
bailándole a Rajoy la famosa rumba de Peret "Catalunya
tiene poder", resulta impresionante.
Después
-más creíbles- las urnas dirán lo que digan, pero estas grandes
manifestaciones, con un mensaje claro, no merecen como respuesta una actitud de
esfinge.
La
calle -más o menos manipulada- se mueve y el Estado sigue estático, como
pasmado y desorientado. No sabe, parece, como reaccionar. Y cuando lo ha hecho,
demasiadas veces se ha equivocado. Y la
calle, en Catalunya, se ha ido moviendo aún más y con más gente.
No
es cuestión ahora de contar si los manifestantes fueron más o menos que otras
veces: el gentío fue enorme. Ni tampoco de valorar el aliento, apoyo e implicación en estas
movilizaciones de las distintas instancias del gobierno autonómico catalán,
que es mucho y decisivo.
Lo
sorprendente y destacable es la distinta actitud de las dos partes enfrentadas.
La gran actividad e iniciativa, motivadoras y contagiantes, de un importante
sector de la política y de la sociedad catalanas, y la escandalosa pasividad,
negativa y desmoralizante, de los responsables de la gobernación estatal, sin
imaginación ni iniciativa para encauzar de forma positiva y no alentando el
enfrentamiento, el llamado problema catalán.
Problema
que se crece, cada día, al rebotar con
un muro de silencio, incomprensión o menosprecio, en lugar de encontrar una
actitud de escucha y de diálogo, dentro de la ley o desde la posibilidad de cambiarla.
No
debe dejarse caer en saco roto, la inconcreta oferta que acaba de hacer el
president Artur Mas, en la euforia del éxito de la última Diada, de cambiar la
ley "entre todos", que coincide con la del ministro Margallo de una cesión
de la totalidad del IRPF y la modificación del texto constitucional.
Son,
el de Mas y el de Margallo, dos ofrecimientos a tener en cuenta. Son hábiles y oportunos los dos.
Quizás
permitirían al presidente Rajoy salir de su actual inmovilismo en este difícil asunto,
que -como se ha visto- no conduce más que a agravar las cosas.
Y
al president Mas a intentar deshacerse del embrollo en que se ha metido, de muy difícil
salida, y jugar aún una carta con posibilidades, evitando que le hagan la cama sus propios socios, no
mucho de fiar.
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