Comentarios y Análisis de Política

sábado, 23 de enero de 2016

MEMÒRIES de Wifredo Espina::"Quan volien silenciar-me" (PagesEditors)

Memòries on s'explica l’ampla projecció social de la seva trajectòria de periodista disconforme amb quasi tot: des de l’ofec d’una dictadura inacabable, fins a una democràcia imperfecta, inacabada o traïda. L’autor hi narra l’expulsió política del diari Ausona, el “hay que desespinizar El Correo Catalán”, les amenaces de mort, la censura d’articles, els fallits intents de compra. També hi explica qu?estions personals i l’esperança que la seva tasca hagi aportat un gra de sorra significatiu a un periodisme més lliure i independent. També hi apareixen personalitats il·lustres amb les quals l’autor s’ha creuat al llarg de la seva vida professional. Tot plegat, ofereix una crònica del nostre passat i del nostre present, escrita amb una prosa directa i sincera, on la ironia i el sarcasme es barregen amb escenes d’impacte i consideracions transcendentals.

Wifredo Espina fou considerat l’enfant terrible de la premsa. Va dirigir el diari Ausona i els setmanaris Crítica i Revista. Va ser sotsdirector d’El Correo Catalán, on va publicar “Cada cual con su opinión”, una famosa i influent columna que li va suposar greus problemes. Ha col·laborat com a articulista aLa Vanguardia, l’ABC, la Hoja del Lunes, Ya, E-Notícies, Diario Crítico, El9Nou, i Destino. Va impulsar la introducció del Secret professional i la Clàusula de Consciència a la Constitució del 1978. El 1987, va fundar el Centre d’Investigació de la Comunicació. També ha creat les Converses a la Pedrera i els Premis a la recerca en Comunicació. Col·labora habitualment en una desena de periòdics catalans i espanyols.

viernes, 15 de enero de 2016

LA POLÍTICA SURT DE MARE


La política ha sortit de mare. Això ja no és política, és una altra cosa. És quelcom desagradable, fatigós,  asfixiant, nauseabund. I demano perdó a alguns polítics que s’esforcen a no seguir la tropa.
Ho veiem cada dia, sobretot en els últims anys, mesos i setmanes, i fastigueja a tothom. Crea una sensació d’ofec, de crispació i de ganes de refugiar-se en el silenci i deixar que sigui el que Déu vulgui. O no vulgui.
Últimament la política salta tots els marges. O ho intenta cada dia més. El del sentit comú, el de l’ètica personal i col·lectiva, el del sentit de servei, per escampar-se pels espais de l’estupidesa, del robatori individual o ciutadà; per fer-la servir per al lucre personal.
La competència d’ideals es converteix en una lluita d’interessos. A tots els nivells. Per això ja no es respecten les normes de convivència més elementals, les grans lleis democràticament aprovades o netament consensuades –dins la relativitat de les coses humanes– ni les regles del joc establertes per a canviar-les.
Cadascú –grups, partits o governs– s’inventa i estableix en exclusiva propietat les pròpies democràcies –que emmascaren amb ambicions o interessos particulars, de classe o de grup–, que volen imposar als altres, els grans als petits i els petits als grans. I tot s’argumenta i se santifica amb paraules vanes, amb raonaments falsos i amb dogmes demagògics. Es tracta que les emocions efímeres suplantin els arguments seriosos i pensats.
Per a això, què pot ser millor que ocupar el carrer? Que proclamar que el carrer, ni tan sols instruït ni organitzat, és qui ha de manar Que les escoles i les universitats han d’estar al servei d’això tan eteri anomenat “el carrer”, però que crida i mou masses cegues, o encegades, que els experts en la manipulació massiva de les assemblees saben portar fàcilment al “seu hort”, fent creure que és “l’hort de tots”.
I mentre carrers i places criden –fins i tot formant ja part de governs i parlaments–, els preparats, els  intel·lectuals que no estan a sou per a col·laborar en la inspiració o la cuita d’aquests grans pastissos de merda populatxera, callen de por, com morts, i dimiteixen de llurs obligacions d’instruir i il·luminar la societat.
I hi ha mitjans de comunicació que es freguen les mans tot munyint els grans beneficis d’aquesta mena de política presentada en un nefast espectacle, amb l’excusa que això és el que demana la gent. I això és el que li serveixen a dosis intoxicants.
Quan la política surt de mare –al toc de corneta de líders ambiciosos, equivocats o idiotitzats en llurs ideologies populistes o totalitàries, proclamades des de palatalles i radios–, els rius nets de la convivència civilitzada es converteixen en cloaques.

La política se sale de cauce


La política se está saliendo de cauce. Esto ya no es política, es otra cosa.
Es algo desagradable, fatigoso, asfixiante, nauseabundo. Con perdón de algunos políticos que se esfuerzan en no seguir la tropa.

Lo vemos cada día, principalmente en los últimos años, meses ir semanas, y nos hastía a todos. Crea una sensación de ahogo, de crispación y de ganas
de refugiarse en el silencio. Y que sea lo que Dios quiera, o no quiera.

Últimamente, la política de salta todas las orillas. O lo intenta cada DIA más.
La del sentido común, de la ética personal y colectiva, la del sentido de servicio, para desparramarse por los espacios de la estupidez, del robo individual o ciudadano, para servirse de ella para el medro personal.

La competencia de ideales se torna en lucha de intereses. A todos los niveles. Para ello ya no se respetan las normas más elementales de la convivencia, las grandes leyes democráticamente aprobadas o limpiamente consensuadas –dentro de la relatividad de las cosas humanas-, ni las reglas de juego establecidas para cambiarlas.

Cada cual –grupos, partidos o gobiernos- se inventan y establecen, en exclusiva propiedad, sus propias ‘democracias’ – que enmascaran ambiciones o intereses particulares, de clase o grupales- y que se quieren imponer a los demás. Los grandes a los pequeños, y los pequeños a los grandes. Y todo se argumenta y santifica con palabras vanas; con falsos razonamientos y dogmas demagógicos. Se trata de que las  emociones efímereas suplanten los argumentos serios y pensados.

Para ello, ¿qué mejor qué tomar la calle? Que proclamar que la calle, ni siquiera instruida y organizada, es la que ha de mandar. Que las escuelas y universidades han de estar al servicio de eso tan etéreo que se llama “la calle”, pero que grita, mueve masas ciegas o encegadas, que los expertos en la manipulación masiva de las asambleas saben llevar fácilmente a ‘su huerto’ haciendo creer que es el huerto de todos.

Y mientras calles y plazas gritan –incluso ya metidas en gobiernos y parlamentos- los preparados, los intelectuales que no están a sueldo para colaborar en la inspiración u hornamentación de estos grandes pasteles de mierda populachera, callan de miedo como unos muertos, dimitiendo de sus obligaciones de instruir e iluminar a la sociedad.

Y hay medios de comunicación que se frotan las manos ordeñando los grandes beneficios de este tipo de política presentada en nefasto espectáculo, con la excusa de que esto es lo que pide la gente y esto es lo que le sirven a dosis intoxicantes.

Cuando la política se sale de su cauce –a toque de corneta de líderes ambiciosos, errados o idiotizados en sus ideologías populistas o totalitarias, proclamadas por las pantallas, los ríos de la convivencia civilizada se convierten en cloacas.




martes, 15 de diciembre de 2015

El debate fue una riña

 
Un debate en buena lógica no debiera ganarse- por la brillantez de la oratoria de los contendientes. Ni por el reflejo en sus respuestas. Ni por el tono de mayor o menor seguridad en su exposición. Ni siquiera por el talante ante las cámaras, el atractivo físico o la apariencia de madurez. Todo esto cuenta, pero es bluff.

Hay que ir a lo sustantivo. A lo que se dice, se afirma o propone. A  su lógica y veracidad.  A la claridad de la exposición. A la convicción de quien lo expone y al crédito que este nos merece. No hay que valorar el espectáculo sino el guión que este nos transmite. Ni al que golpea más o más fuerte, como en un pugilato de boxeo.

No es esto un debate o un cara a cara. Ni las fanfarronadas, baladronadas o la faramalla con que se viste, tantas veces, la puesta en escena. ‘Ha ganado este o el otro’. Cuidado con las corazonadas. Que la política y el arte de gobernar son cosas serias y ni diversión para la gente. Los debates, cuando se apagan los focos, son algo más que carne de tertulia divertida o de fulgurantes encuestas por teléfono. Son algo para pensar, analizar y contrastar entre la realidad y la ficción. O debieran serlo.

Además, un debate o un cara a cara –por más que uno se la parta públicamente al otro- solo es una faceta de un todo: del balance general de unos años de gobierno, bueno o malo, positivo o negativo en sus resultados, limpio o corrupto, con visos de capacidad para continuar o de agotamiento. Y también, de las posibilidades verosímiles para ser substituido por uno mejor. Ni lo viejo es bueno por viejo, ni lo nuevo lo es por nuevo. En esto de la vieja o la nueva política hay mucho de snop y de tontería. Lo de ayer, ni nuevo ni viejo, fué un error mediàtico y político. fué mal planteado y pésimamente dirigido.

Pedro Sanchez puede y suele lucir juventud y sonrisa más que ideas creibles. Mariano Rajoy ya exhibe bastentes canas y arrugas de experiencia más que habilidad y determinación. Es lo que ha ocurrido en este mal planteado cara a cara que no tuvo un verdadero moderador. Se hablo casi de todo pero de nada a fondo. No fué un debate, que es lo que se necesitaba.

Pedro Sanchez, desde el minuto zero se le echó al cuello a Mariano Rajoy, que no logró sacárselo de encima. Rajoy intentó explicar, razonar, aportar datos y explicar propuestas; Sánchez interrumpió sin parar, acusó a gusto, viniera mucho o poco a cuento, y difamó lo que pudo. Y el moderador no moderó nada.
Con lo cual el joven pugil, más preparado para el boxeo que para gobernar, golpeó una y otra vez  ‘al del plasma’ que ya debe estar pensando en la jubilación.

En el cuadrilátero se impuso, suciamente, el más joven y fuerte, mientras el reposado registrador de la propiedad, no atinaba ni podia (¿no le aconsejaban), devolver los golpes. Y como el árbitro estaba desaparecido, en su papel de triste figura, ayer no hubo debate, sino una riña de barra de bar.




viernes, 30 de octubre de 2015

AMB DOS PRESIDENTS IMPUTATS...


Amb dos presidents imputats per la justícia, quina carta de presentació té un país? Quina credibilitat té, de cara a fora i de cara a dins? En això estem.
L’un, Jordi Pujol, imputat per presumptes delictes econòmics i fiscals; l’altre, Artur Mas, per incomplir, presumptament, la legalitat. El quadre de les irregularitats queda complet. Els tribunals s’hauran d’afanyar a aclarir una situació tan insostenible, perquè, a més de la necessitat de fer justícia i de netejar un ambient tan enrarit, les coses poden complicar-se encara més.
Resulta que Pujol, a més de tractar-se d’un expresident mitificat políticament per la reconstrucció nacional que dugué a terme, també ha implicat en la seva mala acció economico-fiscal el seu partit (CDC) i a no poques personalitats catalanes tingudes per prohoms de la nostra societat. Per poc que hom sacsegi la manta que tapa el catalanisme radicalitzat, el país fa olor de podrit.
D’altra banda, no és presentable ni tranquil·litzador tenir un president en funcions –amb unes ganes infinites de ser reelegit– imputat per desobediència a la llei i amb el  compromís de desacatar-la una altra vegada, i fins a on faci falta, per intentar el seu objectiu inconstitucional i que, ni amb les seves astúcies, no ha aconseguit en les urnes el suport social suficient.
Quins suports internacionals pot aconseguir, més enllà de la legitimitat o il·legitimitat de la seva causa,un país amb dos presidents imputats per la justícia? Quin futur pot esperar-se per a una Catalunya amb dos presidents investigats, l’un per gravíssimes malifetes econòmiques i l’altre per desacatament a les normes per mitjà de les quals accedí a la presidència i que va prometre acatar i fer acatar? 
O la justícia fa net, sense demora, per poder respirar un cert aire de normalitat, o caldrà que els ciutadans tornin a les urnes per escollir uns governants, sense màcula ni sectarismes, que mereixin gestionar els interessos de tots ells. 
El diputat Joan Coscubiela, líder de Catalunya sí que es pot, acaba d’afirmar a TV3 que, amb la presentació de la Declaració de ruptura per part de Junts pel SÍ i la CUP, s’avergonyeix de pertànyer al Parlament. Amb dos presidents de la Generalitat imputats, pot ser que també hi hagi ciutadans que s’avergonyeixin de pertànyer a la nació catalana. Llàstima. 

martes, 29 de septiembre de 2015

PARTITS PER LA MEITAT

 
L’alta, molt alta, participació en les eleccions catalanes en legitima com mai el resultat: Catalunya, partida per la meitat.
 Com que no hi ha un vencedor clar, amb una majoria absoluta que permeti seguir un full de ruta i governar amb un programa coherent, el que ha quedat acreditat és la divisió d’una societat i la dificultat de fomar gover i de governar.
Amb aquest resultat, cap a on podem anar? Una societat dividida a parts iguals, què pot exigir a ningú? Una part, pot imposar la seva tesi a l’altra? Com que el resultat de la divisió està legitimat,  què s’ha guanyat? En canvi, en fer més patent i enfrontada aquesta divisió social i política, col·lectivament s’hi ha perdut. Pocs i molt mal avinguts: millor dit: barallats.
Artur Mas no ha perdut. Però tampoc no ha guanyat, perquè es presentava en una coalició heterogènia i amagat en el quart lloc de la llista. No s’ha discutit ni votat la seva acció de govern, com corresponia fer, sinó una cosa molt diferent i sobre la qual gairebé no s’havia discutit entre els partits en condicions d’igualtat. 
Eren unes eleccions autonòmiques que es van voler convertir en un plebiscit o referèndum que, legalment, no eren. El mateix president Mas les havia convocat com a autonòmiques,  perquè així ho disposa la llei. L’independentisme, tot junt, ha guanyat les eleccions, però ha perdut el seu plebiscit.
A més, el seu partit, CDC, junt amb el seu soci, ERC, han perdut escons, respecte als que ja tenien, en el Parlament. Han anat enrere. I per a arribar a la  majoria absoluta necessiten els de la CUP, que ha assegurat reiteradament que no votarà Mas per president. L’Artur ho podria perdre tot...
Tampoc no ha guanyat Rajoy. Tot i el gran augment de participació, que gairebé tothom esperava que donés la victòria als no independentistes, el resultat li ha fallat. A l’Albiol, aquí, li ha faltat talla?
Si el president Rajoy confiava que els qui fins ara no votaven sortirien per donar-li la seva papereta, s’ha equivocat. No han sortit com una tromba a donar-li suport, i a més, avui hi ha més independistes que abans. En això hi ha perdut. Els seus càlculs i la seva estratègia de Don Tancredo, de fiar-ho tot a les lleis i no fer política, ens asseguren, a tots, uns quants anys més d’enfrontaments.
Artur Mas es va ficar en un carreró sense sortida, I amb ell, Catalunya. Ara Rajoy es troba també en un altre carreró sense sortida, I amb ell, Espanya.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Una rumba para la esfinge Rajoy


En esta Diada de Catalunya, más de un millón de catalanes le han bailado una rumba a la esfinge de La Moncloa.

 
Más de un millón de ciudadanos en las calles de Barcelona, cuatro años seguidos, bailándole a Rajoy la famosa rumba de Peret "Catalunya tiene poder", resulta impresionante.


Después -más creíbles- las urnas dirán lo que digan, pero estas grandes manifestaciones, con un mensaje claro, no merecen como respuesta una actitud de esfinge.


La calle -más o menos manipulada- se mueve y el Estado sigue estático, como pasmado y desorientado. No sabe, parece, como reaccionar. Y cuando lo ha hecho, demasiadas  veces se ha equivocado. Y la calle, en Catalunya, se ha ido moviendo aún más y con más gente.

 
No es cuestión ahora de contar si los manifestantes fueron más o menos que otras veces: el gentío fue enorme. Ni tampoco de valorar el  aliento, apoyo e implicación en estas movilizaciones de las distintas  instancias del gobierno autonómico catalán, que es mucho y decisivo.


Lo sorprendente y destacable es la distinta actitud de las dos partes enfrentadas. La gran actividad e iniciativa, motivadoras y contagiantes, de un importante sector de la política y de la sociedad catalanas, y la escandalosa pasividad, negativa y desmoralizante, de los responsables de la gobernación estatal, sin imaginación ni iniciativa para encauzar de forma positiva y no alentando el enfrentamiento, el llamado problema catalán.

 
Problema que se crece, cada día,  al rebotar con un muro de silencio, incomprensión o menosprecio, en lugar de encontrar una actitud de escucha y de diálogo, dentro de la ley o desde la posibilidad de cambiarla. 

 
No debe dejarse caer en saco roto, la inconcreta oferta que acaba de hacer el president Artur Mas, en la euforia del éxito de la última Diada, de cambiar la ley "entre todos", que coincide con la del ministro Margallo de una cesión de la totalidad del IRPF y la modificación del texto constitucional.


Son, el de Mas y el de Margallo, dos ofrecimientos a tener en cuenta.  Son hábiles y oportunos los dos.


Quizás permitirían al presidente Rajoy salir de su actual inmovilismo en este difícil asunto, que -como se ha visto- no conduce más que a agravar las cosas.

 
Y al president Mas a intentar deshacerse del  embrollo en que se ha metido, de muy difícil salida, y jugar aún una carta con posibilidades, evitando que le hagan la cama sus propios socios, no mucho de fiar.